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domingo, 12 de abril de 2020

Lecturas para un confinamiento: Montaigne

Para estos días de confinamiento nada mejor que recurrir a la gran literatura de todos los tiempos: a Montaigne, por ejemplo y sus portentosos "Ensayos".



Michael de Montaigne (1533-1592)

Ediciones de los "Ensayos" de Montaigne hay varias en español, y desde hace muchos años; sin embargo, una de las mejores, por no decir la mejor, es la versión de Jordi Bayod, publicada por la editorial barcelonesa Acantilado en 2007. Es uno de los tremendos éxitos de esta casa editorial. El suplemento cultural "Babelia" publicó mi reseña de esta obra. A la par que los "Ensayos", Acantilado publicó la monografía del gran Stefan Zweig sobre Montaigne. Conocer a Montaigne a través de Zweig es casi una condición previa para quien no lo conozca ya, y la mejor introducción a la lectura de la obra señera de este gran hombre. 


Espléndido Montaigne



Michel de Montaigne





En 1568, el noble señor Michel Eyquem de Montaigne (1533-1592), de treinta y cinco años de edad, sufrió una caída de caballo que casi le cuesta la vida; estuvo varias horas inconsciente, pero se salvó. Su padre había fallecido hacía poco y el huérfano pasaba por un período de melancolía. Ya recuperado, y con una clara conciencia de la fragilidad humana y la inmediatez de la muerte, Montaigne dejó sus cargos en la magistratura de Burdeos para retirarse a sus posesiones en el Périgord y disfrutar de sí mismo y de sus seres queridos, de una existencia campestre y de su excelente biblioteca en la célebre torre circular de su castillo, en la que solía solazarse leyendo y reflexionando en libertad.
Los Ensayos
También plasmaba sus pensamientos de un modo desusado hasta entonces, al vuelo, saltando de un asunto a otro, según le dictara su ánimo o la imaginación, estimulada por los sucesos cotidianos y por las caprichosas lecturas de las obras de sus autores favoritos. Vivía en perpetuo diálogo con Platón, Epicuro, Séneca o Lucrecio, según le apeteciera, con los que se explayaba sobre el sentido de la vida y de la muerte, o acerca de sí mismo y los demás, de las pasiones, los goces y los misterios de la existencia. Lo mismo charlaba con ellos sobre la amistad que sobre el placer, los cálculos renales, la virtud o el canibalismo.
Montaigne llamaba al fruto de sus meditaciones “ensayos” —inaugurando con ello este género literario—; sus opiniones e ideas quedaban a disposición de familiares y amigosa la vez que le servían para conocerse a sí mismo, “lo más próximo”. En su persona hallaba un mundo, pero también los rasgos esenciales de la condición humana.
Aquel hombrecillo orgulloso y atento, inteligente y lúcido, buen conversador y que, aparte de recluirse entre sus libros, viajó por Alemania e Italia, había recibido de su padre una exquisita educación según principios erasmistas, y aprendió a cultivar su espíritu, sin prejuicios a la hora de pensar. Tolerante y precavido, brilló como una estrella solitaria en medio de la noche de una Francia oscurecida por brutales guerras de religión, en donde el crimen y las pestes eran moneda corriente. Filósofo sin academia, huyó de las abstracciones metafísicas y se limitó a comprender lo tangible y real. “Filosofar es aprender a morir”, suele ser su apotegma más citado, pero significa que primero hay que aprender a vivir con naturalidad, sin temor a ese final que es irremediable; una vida plena y lo más satisfactoria posible, evitando el mal, conducirá a una muerte digna.
Es probable que Shakespeare leyera Los ensayos, que, entre otros pensadores y literatos, influyeron mucho en Descartes y Pascal, Goethe y Emerson. Flaubert depositó el libro en el regazo de George Sand diciéndole: “Léelo de principio a fin y cuando termines vuelve a leerlo, es una maravilla”. Nietzsche sostuvo que en compañía de Montaigne la existencia le resultaría más soportable. Y Proust fue también uno de los más conspicuos herederos de quien, como él mismo, continuó escribiendo su obra hasta la misma hora de su muerte.
Los ensayos aparecieron en vida de Montaigne y gozaron de éxito. Captaron la atención de las mentes más abiertas de la época. Sin descreer de la fe católica ni atacarla, allí se incubaban los gérmenes de la revolución secular, hasta tal punto que, andando el tiempo, la Iglesia incluiría la obra en el Índice de libros prohibidos; el hedonismo, el sentido común humanista, el cultivo de la individualidad y, en suma, la modernidad que despedían chocaban con los intereses de la curia romana, siempre ávida de dogmas.
Zweig: Montaigne
Una culta joven parisina, Marie de Gournay, leyó a sus diecinueve años la segunda edición de Los ensayos y quedó prendada de ellos y del autor, a quien conocería cinco años más tarde y con el que trabó una singular relación. Montaigne, ya casi sexagenario, adoptó a Marie como hija, se convirtió en su guía intelectual y quizás hasta se amaron; lo cierto es que fue ella la encargada de reeditar la obra del maestro al morir éste, lanzando en 1695 una edición póstuma de Los ensayos basada en las anotaciones e indicaciones que dejó Montaigne. Esta edición fue considerada fiel y canónica hasta que, en el siglo XX, Fortunat Strowski estableció una nueva según un ejemplar de la obra descubierto en Burdeos, datado en 1588, con anotaciones manuscritas de Montaigne; entonces la edición de Gourney fue relegada. Sin embargo, especialistas como Antoine Compagnon han optado por reeditarla, entendiendo que es más completa y fiel a la última voluntad de su autor. Ésta es la que ahora publica Acantilado, superando con mucho a cualquiera de las escasas ediciones castellanas de las que disponemos. En resumen, una obra espléndida, editada con esmero, bien traducida y anotada, que tanto sirve al especialista como al lector común.
Junto a la extraordinaria edición de Los ensayos, Acantilado publica en volumen independiente la expresiva y ágil monografía que Stefan Zweig dedicó a su autor, la mejor introducción a su lectura; Zweig, humanista solitario en tiempos de indigencia, nunca se cansó de proclamar la necesidad del pensamiento individual y libre frente a las imposiciones totalizadoras de ideologías y demás locuras gregarias: el íntegro Montaigne fue su modelo. Luis Fernando Moreno Claros



jueves, 9 de febrero de 2017

La gran biografía de Kafka de Reiner Stach

Aunque ya he dedicado otra entrada a la gran biografía de Kafka escrita por Reiner Stach y publicada en España por Acantilado, dejo aquí el texto completo de la reseña de esta obra que publicó en enero la revista cultural "Letras Libres" (Enlace a la reseña).


Nueva vida de Franz Kafka


Reiner Stach
Kafka: Los primeros años. Los años de las decisiones. Los años del conocimiento, 2 vols.
Traducción de Carlos Fortea
Acantilado, Barcelona, 2016, 2.368 páginas, 85 euros.

El autor alemán Reiner Stach (1951) dedicó casi dos décadas a culminar la inmensa biografía de Franz Kafka (1883-1924) que ve ahora la luz en Acantilado con tanto lujo (estuche de dos tomos) y magnífica traducción de Carlos Fortea. Sólo Goethe y Thomas Mann —los dos gigantes por antonomasia de las letras germanas— cuentan con biografías de semejante envergadura.
Esta obra apareció inicialmente en tres tomos independientes (en 2002, 2008 y 2014). El primer volumen no trataba de la niñez de Kafka sino que introducía a los lectores en medio de su vida adulta, se titulaba Los años de las decisiones; el siguiente fue Los años del conocimiento, dedicado a la última etapa del escritor; la trilogía culminó con el tomo sobre la época de niñez. Tan ilógica distribución fue debida a que Stach decidió esperar a que una oportuna desclasificación de archivos del antiguo Telón de Acero le facilitase sus investigaciones los primeros tiempos Kafka y la historia de su familia, afincada en la comunidad judía de Praga.
Kafka, Reiner Stach
Aunque Kafka es uno de los clásicos modernos más populares —afianzado por infinidad de estudios académicos—, nos faltaba su “biografía” definitiva. El amigo por excelencia de Kafka, Max Brod, fue su primer biógrafo. Éste, sionista convencido e interesado por la filosofía, editó por primera vez los escritos póstumos de Kafka, ignorando su deseo expreso de que fueran destruidos a su muerte. Brod caracterizó a su amigo como a una especie de santo laico y un filósofo de obra esotérica revestida de literatura. Semejante imagen perdura en el tiempo, aunque los biógrafos posteriores —Pawel, Binder, Wagenbach— trataron de matizarla presentando a un Kafka más “de carne y hueso”. Reiner Stach avanzó en esta línea. Cabe preguntarse, sin embargo, qué aportan de novedad estas más de dos mil páginas si se enfrentan a la inmensa literatura kafkiana.
Lo principal es su exhaustividad, desde luego; su copioso caudal de información, pero también su magia literaria. Antes de esta biografía, sabíamos muchas cosas de la vida de Kafka, pero jamás antes fueron dichas con tanto talento y profundidad como las dice Stach. Su gusto por el detalle es una virtud, y hasta sus excursos narrativos suponen un goce para el lector.
Los detalles y la información aportarían poco si no conformaran finalmente el puzzle completo de una personalidad, de un carácter y de la “circunstancia vital” (en palabras de Ortega y Gasset) en la que se desarrolló como ser humano Franz Kafka. Su singularidad queda definida por Stach con justeza, ya no será más aquel santo filósofo de Brod, ni el hombre atrozmente atormentado por su incapacidad de llevar una vida “normal”, aislado en un interior pétreo e inabordable, genial y medio autista, nacido como por arte de magia y sin pasado. Stach nos revela a un Kafka situado a la altura de su tiempo e inmerso en sucesos reales que le afectaron.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Nueva vida de Franz Kafka


La espléndida biografía de Franz Kafka, de Reiner Stach, por fin en castellano.


Rainer Stach
Kafka
Vol. I: Los primeros años, los años de las decisiones (1); Vol. II: Los años de las decisiones (2). Los años del conocimiento. 2.368 págs, 85 euros.
Traducción de Carlos Fortea. Acantilado, Barcelona, 2016.
Rainer Stach


Todo cuanto se diga en elogio de esta inmensa biografía de Kafka es poco. Los tres tomos originales, aparecidos en Alemán entre los años 2002 y 2014, los publica ahora la editorial Acantilado en un soberbio estuche que contiene dos volúmenes lujosamente encuadernados, y que en conjunto abarcan 2.368 paginas. Carlos Fortea es el traductor, y su trabajo es espléndido. La obra se lee con sumo placer pues, además de estar muy bien escrita en el original, le hace honor la traducción española; ademas, está claramente estructurada, es muy informativa y sobre todo muy interesante y amena porque está escrita con agilidad y un desarrollo narrativo muy bien pensado mantiene el interés del lector.

Stach dedicó dos décadas a completar su biografía de Kafka. La idea de consagrarse a semejante tarea nació de la admiración  que le causó leer los escritos más íntimos de Kafka, los diarios y la correspondencia. De ahí nació su interés por comprender al hombre Kafka.

En 2002 apareció en Alemania el primero de los tres tomos de los que consta la biografía completa: Kafka. Die Jahre der Entscheidungen (Los años de las decisiones).

El biógrafo no comenzaba en este tomo por la infancia de Kafka, sino por la época más conocida del autor praguense, la que Stach llama "época de las grandes decisiones", y que comprende los años entre 1912 y 1915. Es entonces cuando Kafka conoció a Felice Bauer, cuando escribió relatos tan emblemáticos como "la condena" y "El fogonero" (el primer capítulo de América o El desaparecido), publicó su primer libro: Contemplación; además, concibió y escribió el famosísimo relato La transformación y los capítulos que nos han quedado de su novela más conocida: El proceso

El segundo volumen de la trilogía vio la luz en 2008, bajo el título de Die Jahre der Erkenntnis (Los años del conocimiento). Fueron los años de la plena madurez de Kafka; tras la ruptura definitiva con Felice, se enamoró de Julie Wohryzek, y poco después de Milena Jesenská (véase las "Cartas a Milena"). En 1917 Kafka tuvo el primer brote de tuberculosis, la enfermedad fue a peor conforme pasaba el tiempo. Ya muy enfermo escribió El castillo y algunos de sus mejores relatos: "Un artista del hambre", "Primer dolor" o "Josefina la cantante y el pueblo de los ratones". La tuberculosis de laringe le causó la muerte el 3 de junio de 1924.

domingo, 22 de mayo de 2016

Semper Dolens, de Ramón Andrés


Reseña del libro Semper dolens  de Ramón Andrés (editorial Acantilado), publicada en la versión web de "Babelia", suplemento cultural del diario "El País": 


Ramón Andrés
Acantilado, Barcelona, 2015, 514 páginas, 24,90 euros.

Por: Luis Fernando Moreno Claros

El ensayista y musicólogo Ramón Andrés (Pamplona, 1955) publicó en 2003 Historia del suicidio en Occidente (Península). Semper dolens nace de la revisión y ampliación de aquel primer texto, aquilatado ahora por la mejor sabiduría de su autor y sazonado por el paso de los años con más testimonios y abundantes reflexiones sobre la muerte voluntaria; el término “suicidio”, impregnado en un principio de un mayor tinte moral, nació en la Inglaterra del siglo XVII.
Semper dolens, Ramón Andrés
Cuantos conozcan otras obras de este autor, el monumental Diccionario de música, mitología, magia y religión (2012), El luthier de Delft (2013), o las estudios biográficos de J. S. Bach y Mozart, sabrán ya de la enorme erudición de Ramón Andrés, que también en este volumen es asombrosa: desde las culturas de Mesopotamia y el antiguo Egipto, Grecia, Roma y hasta nuestros días, el lector asiste a un repaso histórico de cómo fue entendido y se encaró socialmente el hecho de darse muerte a uno mismo; pero no sólo eso, porque este ensayo es además una reflexión sobre el valor de la vida y de la muerte en tan diferentes edades y culturas a través de textos fundamentales e ideas. A la par, se recuerdan suicidios célebres, desde los que se consideraron “ejemplares” como los de Sócrates, Lucrecia o Catón, hasta el pistoletazo literario de Werther —con su cola de muertes voluntarias causadas por una extraña moda romántica de desesperación amorosa—, hasta llegar a los suicidios de Celan y Améry, sobrevivientes del Holocauto, y muchos más.

martes, 10 de marzo de 2015

Joseph Roth y Stefan Zweig: la amistad hasta el amargo final.


Traslado a "Ciudad de Azófar" la reseña original que escribí para "Babelia" de dos libros recientes, imprescindibles para cuantos admiren a estos dos grandes escritores que fueron Joseph Roth y Stefan Zweig: la correspondencia entre ambos, publicada por Acantilado; y el excelente ensayo de George Prochnik sobre las peripecias de Zweig en el exilio.




Joseph Roth & Stefan Zweig
(Correspondencia 1927-1938)
Edición de Madeleine Rietra y Rainer Joachim Siegel
Epílogo de Heinz Lunzer
Traducción de J. Fontcuberta y Eduardo Gil Bera
Acantilado, Barcelona, 2014, 432 páginas, 25 euros.


George Prochnik
El exilio imposible. Stefan Zweig en el fin del mundo
Traducción de Ana Herrera Ferrer
Ariel, Barcelona, 2014, 416 páginas, 24,90 euros.



“Cordialmente, su fiel amigo”


Los escritores Joseph Roth (1894-1939) y Stefan Zweig (1881-1942) mantuvieron una singular relación de amistad durante la ominosa década de los años treinta del siglo XX. Ambos de origen judío, nostálgicos del imperio austrohúngaro, sufrieron como testigos impotentes la caída de Europa en el abismo.
Se han conservado más cartas de Roth a Zweig que a la inversa, por ello la persona y desventuras del primero se imponen al lector en este libro, mientras que la voz de Zweig suena un tanto lejana. Las lagunas las suple el epílogo de Heinz Lunzer.

Ser amigo mío es funesto
Roth tuvo cientos de corresponsales, aunque ninguno le fue tan querido ni de tanta utilidad como Zweig. A él se aferraba con insistencia —dándole profusas muestras de admiración y cariño— en sus peores momentos vitales, que fueron muchos. La llegada de los nazis al poder (esos “mierdecillas y asesinos”, según Roth) trastocó su vida al igual que la de Zweig y las de tantos otros judíos. El autor de Job [Ver en Amazo.es] y La marcha Radetzki [Ver en Amazon.es] —los dos grandes éxitos de Roth en esta época— tuvo muy claro enseguida qué perseguía Hitler: el exterminio de los judíos, tal y como refería el ex cabo en su horrendo Mein Kampf. Zweig, más ingenuo que su amigo, creyó durante algún tiempo que podría mantenerse al margen. Imposible. En algunas de estas cartas, Roth le reprende por su postura; en 1935 lo declara “optimista” por su inicial ceguera ante Hitler. “Tengo más instinto que entendimiento”, escribía Roth, “lo contrario de usted”. Zweig se había reflejado a sí mismo en su Erasmo (1936) [Ver en Amazon.es] como el humanista pacífico en medio del caos que le gustaría haber sido, pero fue en su magnífica Castellio contra Calvino (1936) [Ver en Amazon.es] cuando se mostró beligerante contra los nazis sin ningún género de dudas. Ambos libros fueron bien saludados por Roth, a quien Zweig rendía franca admiración como escritor y de quien a menudo recibía críticas agudas.
La correspondencia de los dos amigos no abunda en temas literarios, está ampliamente lastrada por la dura vida de Roth; pese a que ganaba bastante con sus artículos, relatos y novelas —su única fuente de ingresos—, siempre estaba a la cuarta pregunta. Escribir era vital para él y una tortura; si no escribía no comía… ni bebía (el vicio que acabaría matándolo); con dinero tenía que pagar las clínicas en las que su joven esposa, esquizofrénica, pasaba largas temporadas. Era una obligación que lo cargó de por vida (los nazis asesinaron a la enferma en 1940). Pero la pena que sentía por su mujer no le impidió a Roth mantener a los hijos de su exótica amante Manga Bell, así como a varios familiares, mientras iba creciendo de manera portentosa su necesidad de alcohol. Zweig lo ayudaba mandándole dinero, pero Roth nunca tenía bastante; era caprichoso, gustaba de hoteles caros, sableaba a quien podía, daba a manos llenas, vivía muy al estilo del gran Balzac. Cuando Zweig le dijo en una ocasión que Dios lo librase del dinero, que viviera con mesura, Roth le espetó: “¡Al contrario! ¡Déme Dios dinero, mucho dinero! Porque en el mundo de hoy el dinero ya no es una maldición ni la pobreza una bendición”. Zweig también lo amonestaba para que dejase de beber y organizase su vida. Empresa imposible dado el carácter de Roth: irritable y apasionado hasta la inconsciencia; tanto era así que en 1938 se enfadó con el amigo, hastiado de sus consejos, pero entonces ya no tenía salvación. Reconciliados a medias de nuevo, Roth murió poco después en un hospital parisino, aquejado de neumonía y delirium tremens. Zweig se suicidó en Brasil tres años después.

El exilio imposible
George Prochnik narra con gran detalle el desenlace de los destinos de Zweig y de su segunda esposa, Lotte Altmann, en el exilio: ambos padecieron una gran extrañeza en el nuevo mundo. Lotte tenía asma y su marido se hallaba aquejado de nostalgia e inquietud por el viejo continente. Para calmarse redactó El mundo de ayer —sus famosas memorias [Ver en Amazon.es] —, mientras trataban de habituarse a Norteamérica; a veces, aislados en pequeñas ciudades y otras, alojados en lujosos hoteles en una Nueva York plagada de emigrados centroeuropeos que asaltaban a Zweig con peticiones de auxilio. Extranjeros en todas partes, viajaron a Argentina, a Paraguay, y al final decidieron trasladarse a Brasil y establecerse en Petrópolis. Allí, en medio de una naturaleza exuberante, se las prometían felices; mas la impaciencia y la soledad del escritor, su pesimismo al creer que Europa quedaba para siempre en manos de Hitler, lo empujaron al suicidio. Lotte, muy enferma ya, lo acompañó en su fin. Poco antes, Zweig había terminado su Novela de ajedrez [Ver en Amazo.es], otro alegato más contra los nazis. Prochnik recorre las etapas de un exilio que, para Lotte y Zweig, apegados a los valores del mundo de ayer, fue imposible de sobrellevar.
Luis Fernando Moreno Claros

martes, 25 de noviembre de 2014

Novedades para este otoño

Este otoño de 2014, a pesar de alguna circunstancia adversa, ha sido pródigo en lecturas. Dejo aquí constancia de las que me han parecido más sustanciosas: una estupenda novela, inquietantes relatos de Peter Stamm y un magnífico ensayo sobre Stefan Zweig.




LUDWIG WINDER 
Schaffa, 1889 - Baldock, 1946
Un sensacional descubrimiento:  "El Deber", de Ludwig Winder, editorial Periférica.


Una historia de heroísmo tan sencilla, pero tan bien trabada que su lectura es un verdadero placer. Te roba el aliento hasta el final y te deja profundamente impresionado. Winder fue contemporáneo de Franz Kafka; su sobria escritura tiene una lejana filiación con la del autor de "La metamorfosis"; le falta, por supuesto, la ironía típica de Kafka y hasta su parte macabra. Wiemer es serio, grave y conciso, está a la altura del asunto que trata: la resistencia en la Praga ocupada por los nazis durante la II Guerra Mundial desde 1939, y con semejante tema no se ironiza.  
      Una serie de atentados perpetrados por la resistencia entre las fuerzas alemanas tienen en vilo a los sabuesos nazis. Josef Rada, un funcionario taciturno y ejemplar que trabaja en los ferrocarriles checos, lleva una vida tranquila hasta que Praga es invadida por los nazis. Entonces todo cambia, su hijo, modélico estudiante de medicina, es apresado y Rada tomará partido a favor de los que sufren y cumpliendo con su ineludible deber de hombre decente y libre. Muy buena traducción de Richard Gross

El deber, Ludwig Winder

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Después de quedar sobrecogido, aunque al mismo tiempo animado y lleno de entusiasmo por la lectura de la extraordinaria novela de Ludwig Wiemer (despierta en el lector el anhelo del heroísmo), le tocó el turno al libro de relatos del narrador suizo Peter Stamm, A espaldas del lago, publicado por la editorial Acantilado
A espaldas del lago
       Stamm es un narrador de historias tristes, con personajes rebuscados y situaciones que rozan lo inverosímil. Es imposible no dejarse atrapar por su manera de contar y su excelente prosa (muy bien trasladada al castellano por el gran traductor José Aníbal Campos —véase su blog Artesanías—), pero también es difícil creerse del todo lo que les pasa a los personajes. Un poso de pesimismo gravita sobre estos relatos. Stamm escribe con una notable falta de emocionalidad; su lenguaje es conciso y sobrio, no abundan las metáforas sino las frases contenidas y directas. Esto casa bien con los ambientes que describe. Casi todos los relatos consiguen un elevado grado de calidad literaria. "Los veraneantes" o "En el bosque" perfilan unas atmósferas inquietantes que rozan el borde de lo increíble; sin embargo, también se perfilan reales y hasta cotidianas. "El día de los lirones" (muy hermoso), "El curso normal de las cosas" (trágico) superan a los que veo más flojos: "La cena del señor" y "El último romántico". Y hay más: "La maleta", "Sweet Dreams" y "Coney Island". Sólo diré que Stamm, como cuentista, ocupa ya un puesto muy elevado entre Chéjov y Cortázar. Sus relatos contienen quizás varios puntos criticables (algo artificiosos, finales abiertos o demasiado cerrados), pero lo que no se les puede negar es su magnetismo: atrapan al lector hasta el final provocándolo, y eso es lo que ha de conseguir cualquier buena historia. 

Dejo aquí el enlace a una entrevista con Peter Stamm aparecida en "Letras Libres":

http://www.letraslibres.com/revista/entrevista/peter-stamm-el-reto-no-es-el-lenguaje-sino-la-estatica

Peter Stamm, Münsterlingen, Suiza, 1963. Foto de Stefan Kubil


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Un libro biográfico —con algo también de autobiografía de su autor— del que he disfrutado este otoño es El exilio imposible. Stefan Zweig en el fin del mundo, de George Prochnik. Estupendo para los amantes de las obras de Zweig que quieran conocer las circunstancias en las que vivió los últimos años de su vida. 

El exilio imposible
Stefan Zweig se suicidó en la ciudad brasileña de Petrópolis el 23 de febrero de 1942. No murió a solas, su segunda esposa, Lotte Altmann, lo acompañó a la muerte. Ambos ingirieron veronal. Prochnik narra las peripecias del gran escritor y su compañera. Ésta era una joven judía enferma de asma; enamorada de Stefan Zweig hasta la médula desde que empezara a trabajar para él como secretaria en 1934, lo acompañó al exilio "imposible".

Zweig se exilió de verdad en cuanto abandonó su casa de Salzburgo, en 1933, después de un asalto de los nazis austríacos que dejaron revuelta la residencia del escritor con la excusa de que "ocultaba armas". En efecto, sus mejores "armas" eran los libros que escribió y los de su valiosa biblioteca particular, de ahí el odio de los nazis. A Zweig le dio mucha rabia el incidente pero enseguida comprendió que ni siquiera él —un gran escritor de éxito— estaba seguro en Austria. De manera que se marchó fuera del país, primero a Francia y más tarde a Inglaterra. En la aburrida ciudad de Bath compró una casa de la que también terminaría exiliándose una vez que la II Guerra Mundial afectó a Inglaterra. De allí emigraron a Estados Unidos, país en el que Zweig era agasajado pero en el que tampoco se sintió feliz. Finalmente, Lotte y él se trasladaron a Petrópolis.

Prochnik narra magníficamente la época de los numerosos viajes y continuos exilios de Zweig. Cómo él y Lotte no encontraban acomodo en ninguna parte a causa de la soberana impaciencia del escritor, quien sin sus libros y alejado de su ambiente vienés y cosmopolita se sentía fuera de sí en los lugares que pretendía habitar y que debía colonizar desde cero. Anécdotas, informaciones, caracteres de las personas que rodearon a la pareja Zweig en el exilio, tanto en la costa francesa, Inglaterra o Norteamérica… En una palabra, es un libro lleno de sorpresas y de sucesos que nunca antes habían sido tan pormenorizados en las biografías del autor de El mundo de ayer; de ahí que sea una obra imprescindible para todo buen amante de las obras de este genial escritor. 

El padre de George Prochnik tuvo que huir de Viena a causa de su origen judío, apenas unas horas antes de que fueran a buscarlo a su casa los asesinos de Hitler. El autor desvela esta circunstancia y aprovecha recuerdos de su progenitor al tratar de comprender los sentimientos y actitudes de los exiliados; ello enriquece la narración al elevarse a consideraciones que no sólo atañen a Zweig sino al nutrido grupo de los exiliados judíos que padecieron el acoso de los nazis. 

Enlace a la sección de "cultura" del diario El País donde se comenta brevemente este libro junto a la Correspondencia de Stefan Zweig y Joseph Roth, que acaba de publicar Acantilado.

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domingo, 27 de julio de 2014

Verano con Gregor von Rezzori e Iliá Ehrenburg



Gregor von rezzori en París, 1996

El experto traductor José Aníbal Campos me recuerda que el pasado día 13 del mes de mayo se cumplieron 100 años del nacimiento del escritor Gregor von Rezzori (1914-1998), y bien merece que lo recordamos, aunque sea brevemente, en "Ciudad de Azófar".

Nació en Czernowitz (Bucovina), aunque su aristocrática familia era de origen italiano.  Aquel año de 1914 todavía existía el imperio Austro-húngaro, que se disolvería con el fin de la I Guerra Mundial. Rezzori todavía vivió algo de su pasado esplendor. Parte de su obra rinde homenaje al recuerdo de aquel abigarrado mundo centroeuropeo.

En España es un autor poco conocido, aunque es muy apreciado por los lectores que lo descubren. Para quien quiera acercarse a su obra es muy recomendable su novela Memorias de un antisemita. En castellano la tenemos en la extraordinaria traducción castellana del escritor y periodista mexicano  Juan Villoro (Anagrama, 1988, reeditada en 2014). Esta es una novela a la altura de las mejores de los grandes escritores centroeuropeos —Roth, Musil, Schnitzler—; culta, intensa, irónica; magistralmente escrita y, asimismo, provocadora por su notable ausencia de tabúes en todos los sentidos: psicológicos, sociales y sexuales. El protagonista rememora cinco encuentros significativos en diversas etapas de su vida con distintas personas judías. Cada encuentro constituye un relato lleno de peripecias, reflexiones y matices; y el conjunto servirá al elegante Rezzori —quien a menudo se muestra muy crudo cuando rememora sus encuentros con mujeres— para mostrarnos el sentir y el obrar típico de los "arios" de centroeuropa en relación con los judíos.

La inmensa Irène Némirovsky también ahondó en el alma, los rasgos y costumbres de los judíos europeos, desde el rico cosmopolita hasta el más humilde de los ropavejeros; Rezzori me recuerda a ella en algunas de sus observaciones, irónicas o no, y a menudo grotescas. Pero las novelas de Némirovsky son de otro cariz. Tanto a la autora de David Golder y Los perros y los lobos (ambas en Salamandra) —relatos críticos con los judíos— como a Rezzori se les ha acusado de sembrar cizaña por su visión subjetiva de ciertas peculiaridades del ser de los judíos; sin embargo, ambos los comprendieron bien y esa recriminada subjetividad ni siquiera es extrema sino que coincide con ideas comunes de la época; Rezzori reflexionó sobre los judíos teniendo siempre en cuenta la inmensa tragedia del Holocausto, y la genial Némirovsky, a pesar de su talento y su amor por la vida, murió gaseada en Auschwitz.

Anagrama ha publicado otras dos novelas de Von Rezzori: Un armiño en Chernopol y Flores en la nieve. Junto con la mencionada Memorias de un antisemita forman La gran trilogía, que Anagrama publicó en un solo tomo en 2009.

La gran trilogía reune tres obras eminetemente evocadoras y memorialísticas. Para conocer a otro Rezzori menos centrado en sus experiencias de infancia y juventud recomiendo la lectura de tres novelas cortas que acaban de aparecer en la editorial Sexto Piso, en la excelente traducción de José Aníbal Campos y reunidas bajo el título de: Sobre el acantilado y otros relatos.


Sorprenderán estas tres Novellen enjuniosas y muy bien trabadas. Perspicacia, finura psicológica, ironía y profundidad es lo que las caracteriza, aunque también tienen mucho de grotesco y esperpéntico, además de aceleradas dosis de crueldad.  Aunque Rezzori es un escritor original e incomparable, hay momentos en los que, mientras leo estos relatos, me vienen a la mente ciertos ambientes y circunstancias que resuenan a Thomas Bernhard… En Rezzori no hay reiteraciones, esas que tanto me gustan en Bernhard —y que tantos autores imitan sin lograrlo—; pero sí que encontramos cierta preponderancia de lo exagerado y grotesco en la manera de ser de los personajes y en sus acciones.

Para quien desee saber mucho más de Rezzori y su obra hay que acudir al estupendo número 160 que la revista mexicana "Crítica" dedica a la figura y la obra de este autor. Es un número a todas luces sobresaliente, de los que hay que guardar. He aquí la portada y el enlace.

Revista "Crítica"

Como podrá comprobarse, artículos de firmas tan prestigiosas como Claudio Magris, Elie Wiesel, Emmanuel Carrère o Jorge Herralde, Juan Villoro y el propio José Aníbal Campos se alternan con textos del propio Rezzori.

La otra gran revista cultural hispano mexicana "Letras libres" también dedicó en su número de mayo de 2014 un dossier a Rezzori. (Enlace) Vale la pena leer los fragmentos titulados "Murmuraciones del un viejo", un libro que ojalá veamos pronto en castellano.

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Memorias, 1891-1967
Aparte de recordar al gran Gregor von Rezzori estos días de agosto con este extraordinario número especial de la revista "Crítica" y los relatos editados por Sexto Piso, leo además las impresionantes memorias del escritor y periodista soviético Iliá Ehrenburg: Gente, años, vida, publicadas recientemente por la barcelonesa editorial Acantilado. Este libro supone una gran fiesta para los historiadores del siglo XX y un fastuoso festejo también para todos cuantos estamos interesados en el recuerdo de sus dramáticos avatares y la remembranza de tantos nombres propios señeros de nuestra cultura: artístas, políticos, militares, líderes varios. Ehrenburg viajó por toda Europa en los convulsos años treinta, cuarenta y cincuenta del pasado siglo. Fue testigo de infinidad de acontecimientos relacionados con la cultura y la barbarie del siglo; trató a grandes intelectuales y artistas y participó en revoluciones y guerras. Sus convicciones políticas lo acercaron al comunismo y al régimen de Stalin, para el que tampoco ahorró críticas incluso con peligro de su vida. Fue un personaje peculiar, de llamativa honestidad para consigo mismo, aunque a la vez, un escurridizo sobrevivinte.
Al inapreciable trabajo de la gran traductora Marta Rebón debemos este extraordinario trabajo que es merecedor de todos los premios que se otorgan en España e Iberoamérica a los traductores. A la misma traductora hemos de agradecer también las versiones de las obras de uno de los amigos más significativos de Ehrenbug, el gran Vassili Grossmann, autor de la monumental Vida y destino (ver en Amazon.es) y al que también encontraremos en estas inapreciables e imprescindibles memorias.


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