sábado, 8 de diciembre de 2018

Más novedades de otoño (Mitología y literatura)


El otoño avanza y cada día aparecen más novedades en las librerías. Mencionamos a continuación algunos libros que nos han llamado la atención estos días, casi al final de la melancólica estación.

Mitos en Atalanta

La exquisita editorial Atalanta continúa publicando la magnífica obra cumbre sobre los mitos de todas las épocas y continentes, firmada por el mitólogo norteamericano Joseph Campbell (1904-1987). Ahora acaba de aparecer el volumen IV y último de la serie, que está dedicado a la
Las máscaras De Dios, IV
«mitología creativa», esto es, a los mitos que son producto de los escritores y poetas; son mitos con un poder tan evocador como los antiguos que estaban inspirados en sentimientos teológicos o divinos. La mitología creativa nace de la imaginación, las intuiciones y los sentimientos transformados y vivificados por el arte; en este caso por el arte poiético, creador (aunque todo arte lo es). En el sentido de Shakespeare, estos mitos serían una especie de espejo para mostrar a la virtud y al vicio su verdadero aspecto, y a las generaciones de cada siglo su auténtica forma y fisonomía.

Los escritores y los artistas, fieles a sus experiencias íntimas, crearon nuevos relatos y ficciones tales como las historias que giran en torno a los caballeros de la Mesa Redonda, el Grial o Tristán e Isolda. Mitos pertenecientes a esta categoría lo son igualmente, por ejemplo, los «mitos» creados por Nietzsche, como el del «superhombre» o «ultrahombre» [Übermensch]; y mitos como el de Don Juan, o los de Dante y su extraordinaria Comedia, o los de Thomas Mann y Goethe: el mito de Fausto, sin ir más lejos, que ambos revisaron y recrearon. También James Joyce recreó a su modo y modernizó el mito de Ulises. Picasso, con su Guernica, creó otro mito que dice más de la paz y la guerra que libros enteros de texto. Todo esto y mucho más lo recuerda y comenta Joseph Campbell con su clarísimo estilo y su viva lucidez.

Con este tomo IV, se completa la obra Las máscaras de Dios (cuya publicación original en inglés data de los años 1959 y 1968); los tres tomos anteriores publicados en Atalanta son: Mitología primitiva (vol. I), que indaga en los motivos mitológicos de las culturas prehistóricas a la Luz de los descubrimientos arqueológicos; Mitología oriental (vol. II), que se ocupa de las religiones y sus mitos en Egipto, La India, China y Japón; Mitología occidental (vol. III), que examina con detalle las mitologías que florecieron al oeste de Irán, desde las antiguas culturas de la zona ribereña de Mesopotamia y Egipto hasta aquellas más cercanas, como la helénica y la romana. Con el cierre de obra tenemos una  enciclopedia de mitología universal única, útil y revisada y modernizada; muy útil en un tiempo en que parece que nuestra sociedad pierde el sentido simbólico de las palabras y se obnubila, embaraza y encabezona en la literalidad de lo que se dice…


La luna, Cashford
Otro inmenso libro de editorial Atalanta es La luna, de la autora inglesa Jules Cashford —filósofa y gran especialista en mitos—: es un libro magnífico (en versión castellana del excelente traductor Francisco López Martín), que sirve para conocer prácticamente todo lo que de simbología y mitología se ha inspirado en nuestro satélite por antonomasia, tan cercano y misterioso: la luna.

Con el apoyo de magníficas ilustraciones (reproducidas con excelencia en este lujoso volumen), Cashford —que también se formó como analista jungiana—estudia la inmensa cantidad de símbolos, historias y relatos, poemas y demás obras artísticas y literarias inspiradas en la luna.

Desde el paleolítico hasta nuestros días los mitos y símbolos basados en la luna aparecen en este libro y Cashford los explica con extensa sabiduría y sobrada sensibilidad interpretativa y poética.

Un vistazo al índice da idea de lo axhaustivo de las investigaciones de esta mitóloga: «La luna y los ritmos de la vida», «La luna y el tiempo», «La luna y las aguas», «La luna y la gran red de la vida», «La luna y el sol», «la luna y la mente», «La cara de la luna», «La luna y la fertilidad», «La luna y las plantas», «La luna y el destino», «La luna llena», «La luna menguante», «La luna negra y la muerte», etc. Y esto sólo es un puñado de apartados, cada uno de ellos se divide en múltiples meandros que derivan a los mitos, símbolos e historias que pueden agruparse bajo las rúbricas mencionadas. Ésta es una obra única, imprescindible para los amantes de los mitos y en especial para los admiradores de la belleza y el seductor misterio de la luna.


Dante

Comedia, trad. José María Micó
Un acontecimiento literario (y un éxito de ventas inesperado) ha supuesto estos días la publicación de una nueva versión de la Comedia, o Divina comedia, del italiano Dante Alighieri (Florencia, 1265 - Rávena, 1321), por la barcelonesa editorial Acantilado. La extraordinaria traducción se debe al prestigioso filólogo José María Micó; y aquí constatamos que es una versión de lo más legible y sencilla, a la par que poética y exquisita.

Para muchos lectores esta nueva versión magistral supondrá el descubrimiento de esta obra magna de la literatura universal, tan imprescindible e inefable como la Odisea, el Quijote o el Fausto. Pero para cuantos la leyeron en tiempos (la traducción del extraordinario Ángel Crespo pasaba por ser la mejor de todas las castellanas [Divina comedia, Círculo de Lectores, 1981] hasta hace unos días), esta novedosa traducción constituirá un nuevo renacer, el redescubrimiento, una lectura novedosa de lo olvidado, el placer nuevo de releer lo antiguo como la novedad que es y que está llamada a permanecer. Que la obra magna de Dante es  lectura de máxima altura en una época en la que abunda tanta literatura insustancial.

Lo de literatura «insustancial» no puede aplicarse a las colecciones de cuentos que hemos elegido como lectura otoño-invernal. Abundan de repente en España las editoriales que recopilan cuentos y relatos de grandes escritores. He aquí tan sólo un botón de muestra —bien redondo y lustroso— de lo que acaba de salir.


jueves, 8 de noviembre de 2018

Lev Shestov en la editorial Hermida Editores

La editorial madrileña Hermida Editores se está tomando con empeño editar obras de pensamiento, entre ellas destacan los dos libros del filósofo ruso Lev Shestov que han aparecido hasta el momento. En "Ciudad de Azófar" comentamos en su día brevemente la aparición de  un hermoso libro de este pensador: Apoteosis de lo infundado. Hoy dejamos aquí la reseña de Luis Fernando Moreno Claros de la gran obra de Shestov Atenas y Jerusalén. Esta reseña la publicó el suplemento "Babelia", del diario "El País" el sábado 20 de octubre de 2018 en su edición impresa, luego pasó a la edición digital. Publicamos aquí la versión original de la reseña:

Ante los muros de piedra de la razón





Atenas y Jerusalén, Shestov
Un verdadero tour de force filosófico es lo que contiene esta obra magna del pensador ruso de origen judío Lev Isaákovich Shestov (1866-1938). Atenas y Jerusalén fue un libro original e importante en su época, 1937, cuando la denominada “filosofía de la existencia” comenzaba a imperar en Europa de la mano de autores tan dispares como Jaspers, HeideggerSartre. Ahora aparece por primera vez en castellano en una excelente traducción. Contiene el pensamiento maduro de Shestov, un filósofo paradójico de incalmable espíritu crítico: era sesudo e irracionalista a la par. Nunca tuvo filiación política clara —huyó de los bolcheviques por haber escrito un libro poco complaciente sobre ellos—, sin embargo, sus ideas y su espíritu son de talante  “revolucionario” y provocador, sin concesiones a lo trillado y establecido. Su voz resonaría en Camus, Deleuze o Ciorán.
            Shestov fue un esforzado campeón de la zozobra filosófica, un “filósofo de la sospecha” en el sentido de Kierkegaard y Nietzsche, a quienes idolatraba. Su agudeza intelectual y su minucioso conocimiento de la historia del pensamiento, junto a su osadía y honradez personales, lo llevaron a cuestionar el tradicional y omnipotente poder de la razón. De formación científica —estudió matemáticas en Moscú—, se relacionó en su juventud con intelectuales rusos como Berdiáyev y Rozanov, quienes lo condujeron a la filosofía. Pronto se planteó cuestiones existenciales que lo marcarían de por vida, por ejemplo: ¿Es posible la libertad en un mundo dominado por leyes universales necesarias? ¿Podemos superar la angustia que nos provoca una existencia en la que nos sentimos esclavizados? La lectura de Nietzsche en torno a 1900 le descubrió definitivamente la literatura filosófica. A él le dedicó sus primeros libros, que relacionaban las ideas intempestivas del filósofo alemán con Tolstoi y Dostoievski. La gran tragedia de estos tres autores, según Shestov, fue su clarividencia del dolor y el sufrimiento; creían, además, que si existe algún tipo de “salvación”, será sólo individual: el ser humano se enfrenta a solas con la vida, y de él depende aceptarla o revolverse contra sus normas y necesidades en busca de libertad. Más tarde, Shestov amplió su círculo de pensadores favoritos a Spinoza, el filósofo que más influyó en el racionalismo europeo antes de Kant, y el que más sedujo a Hegel: “Spinozismo o no hay filosofía”, dijo éste. El ruso entró en una agudísima y apasionada controversia con Spinoza y sus seguidores.

Apoteosis de los infundado
Un libro estupendo de Shestov, publicado en 1905, es Apoteosis de lo infundado (Hermida, 2015). Compuesto de prosas breves y pensamientos misceláneos, en él ya expresaba grosso modo la dicotomía y pugna entre necesidad y libertad en el pensamiento occidental, un problema que Shestov desarrollará de manera sistemática en Atenas y Jerusalén. En su opinión, los filósofos realmente grandes —Pascal y Dostoievski tanto como Spinoza y Sócrates— fueron conscientes de la confrontación causada por la conciliación entre libertad y necesidad, de ahí que nunca cesaran de preguntarse en qué consiste la libertad y si es posible el libre arbitrio en un mundo de leyes dictadas por la naturaleza. La filosofía griega, con Platón, Sócrates y Aristóteles a la cabeza, implantó en Occidente el imperio de la razón —el de la ciencia—. Junto a ella, el hombre mismo se erigió en “medida de todas las cosas”, sustituyó primero a los dioses y después al Dios creador y todopoderoso del Antiguo Testamento. De Sócrates a Kant y Hegel, la filosofía se sometió a “lo necesario” dentro de los límites marcados por la diosa razón, mientras que el Dios desplazado quedó como refugio de teólogos o de la ignorancia y la fantasía.


En los cuatro ensayos que componen Atenas y Jerusalén Shestov trata intensamente de estas cuestiones volviendo a Parménides, Sócrates, Platón, Spinoza, Kant y Kierkegaard, así como a Plotino y Lutero. Unos, los racionalistas, son los representantes de “Atenas” en el ámbito de la filosofía; otros, los creyentes en Dios, representan a “Jerusalén”. Quien camina por el lado de la ciudad de Cristo está más allá de los corsés de la necesidad —“la fe sola salva”, decía Lutero—; para él, si Dios existe, lo demás es innecesario, y “todo es posible”, hasta lo más “descabellado” (Kierkegaard). Sin embargo, Descartes y Kant eran racionalistas a ultranza. Solucionaron el problema del libre albedrío y la necesidad apostando por esta última. Según éstos, incluso el Creador del universo tuvo que someterse a las leyes de la razón una vez terminado el mundo, donde gobiernan las leyes naturales. La libertad existe, pero circunscrita a las lindes que marca la necesidad. Es imposible que dos y dos no sean cuatro o que no sea válido el principio de contradicción, explicaban los racionalistas. Spinoza sostenía que la felicidad consiste en comprender lo necesario y aceptarlo, pero frente a él, Dostoievski, en Memorias del Subsuelo, exclamaba: “¡Qué me importa a mí que dos y dos sean cuatro... no quiero reconciliarme con ese muro de piedra de la necesidad!”. 

Shestov presenta de forma brillante y esclarecedora estos planteamientos confrontados. También él sospechaba que más allá de los muros de piedra implantados por las ciencias y la ética racionalista, tal vez fuera posible la codiciada libertad plena; libertad sólo otorgada por una inquebrantable fe en Dios. Nunca se decidió entre Atenas y Jerusalén, a cambio escribió este gran libro de reflexión filosófica, estimulante para aquellas mentes que anhelen un pensamiento de altos vuelos en tiempos de indigencia y oscuridad intelectuales. L.F. M. C. 

sábado, 27 de octubre de 2018

¡Nuevos libros para este otoño!

Aquí un apunte sobre cinco libros estupendos para leer en lo que nos queda de otoño, frente a un hermoso paisaje, un poco antes todavía de que llegue el frío de verdad y el tiempo oscuro


Finales de octubre en la raya de Portugal

Fernando Pessoa: El poeta es un fingidor. Antología poética. Publicado por editorial Cátedra ahora en 2018. Un acierto absoluto la recuperación de este título mítico y de culto (al menos para muchos lectores que lo descubrimos en los años ochenta del pasado siglo), publicado por primera vez en 1982 por Espasa Calpe. Introducción de Ángel Crespo, edición bilingüe y traducciones espléndidas también suyas. La nueva edición impecable y bonita de Cátedra ha sido revisada y actualizada por Ignacio García Crespo, pero sigue siendo muy parecida a la original de Espasa, así que cuantos la leyeron y releyeron entonces encontrarán prácticamente los mismos poemas, salvo muy pocas excepciones.

Antología poética de Pessoa
Contine poemas del propio Fernando Pessoa y de sus heterónimos más conocidos: Alberto Cairo, Ricardo reis y Álvaro de Campos. El más apegado a los paisajes campestres lusos y a las sensaciones de los sentidos es Caeiro. De su magnífico libro O guardador de rebahnos [El guardador de rebaños] (1911-1912), resuenan en la mente del lector versos tan profundos como éstos: 

«…Creo en el mundo como en una margarita
porque lo veo. Pero no pienso en él
porque pensar es no comprender…
El mundo no se ha hecho para que pensemos en él
(Pensar es estar enfermo de los ojos),
sino para que lo miremos y estemos de acuerdo…

Yo no tengo filosofía: tengo sentidos…
Si hablo de la naturaleza, no es porque sepa lo que es, sino porque la amo, y la amo por eso, 
porque quien ama nunca sabe lo que ama
ni sabe por qué ama, ni lo que es amar…

Amar es la eterna inocencia,
y la única inocencia es no pensar…»

¡Magnífico Caeiro, adorablemente antifilosófico!  Apropiada lectura para rememorar en paseos solitarios por el campo. Y magnífico Pessoa, tan contradictorio y tan él siendo muchos; que bien que esta antología nos devuelve su esencia. ¡Y conserva todo el sabor de aquellas primeras lecturas de juventud!

Bolaño, cuentos completos
Roberto Bolaño: Otro magnífico libro que también invita a la nostalgia de aquellas lecturas sagradas de años pasados es la estupenda recopilación de los cuentos completos de Roberto Bolaño (1953-2003) que publica la editorial Alfaguara. Con su estilo inconfundible, su imaginación desbordada, su melancolía y su enorme cultura y voracidad literarias, las historias del chileno Bolaño atrapan a los lectores más exigentes. Aunque los cuentos recogido en el volumen son de lo más dispar y no todos tienen la misma altura, raro será que no no atrapen la mayor parte de ellos, que sin darnos cuenta nos veamos conducidos dócilmente al universo de este autor tan celebrado. Cada cuento es una experiencia nueva, una sorpresa, la mayoría confirman por qué Bolaño es considerado uno de los autores hispanoamericanos más valorados de la actualidad. Están aquí todos los cuentos reunidos en los libros titulados  Llamadas telefónicas, Putas asesinas y El gaucho insufrible, además del buen puñado de cuentos que quedaron inéditos: en suma, lo mejor para conocer a Bolano y adentrarse después en sus novelas más ambiciosas: Los detectives salvajes, Nocturno de Chile o 2666, entre otras.

Verano Tardío
Adalbert Stifter. Un libro «otoñal» por excelencia, y para leer precisamente cuando el otoño está ya avanzado y los colores de la estación refulgen en su plenitud, es la novela —rara y no por ello menos extraordinaria— del escritor austríaco Adalbert Stifter (1805-1868), y cuyo título original es Nachsommer (1857), traducido al castellano primero como «Veranillo de San Martín», en Alianza Editorial (edición hoy agotada y descabalgada), y más tarde como Verano tardío. Esta última traducción, más ajustada al título original germano, se la debemos a la gran traductora Carmen Gauger, y a la editorial Pre-Textos. Esta novela inclasificable y originalísima de este gran autor —cuya obra es variopinta y está poco divulgada en España— es de las más reposadas y tranquilas que existen: cuenta una historia en la que todo es armonioso y melancólico, como en esos días de otoño de últimos de octubre cuando la luz diurna es intensa y los colores de la naturaleza tienen algo de demasiado vivo, como si se negasen a morir en unos pocos días en los que las lluvias predicen ya las oscuridades de noviembre y el tétrico diciembre. Es una novela espléndida, luminosa y llena de quietud y paz. No ocurre nada importante, ni épico ni dramático, y, sin embargo, ocurre precisamente lo más importante: la vida, con sus recuerdos y nostalgias, con sus afanes de cada día y los sobresaltos callados de los amores puros y casi imposibles. Magnífica. Y soberbia traducción de la veterana traductora Carmen Gauger. Como apunte final para interesar a los lectores escépticos, un argumento ad verecundiam: el gran Friedrich Nietzsche, que no era precisamente mal lector, eligió Verano tardío entre sus libros favoritos, junto a Goethe y Lichtenberg (casi nada).

jueves, 18 de octubre de 2018

Especial Franz Kafka: reseñas de sus «Obras completas» en castellano


Las excelentes Obras Completas de Franz Kafka en castellano —que la editorial Galaxia Gutenberg y Círculo de Lectores comenzaron a publicar en 1999 y continuaron publicando en 2000 y en 2003— van a tener su continuidad muy pronto, concretamente en el próximo mes de noviembre de 2018: después de veinte años, está a punto de aparecer en los próximos días el primer tomo de la correspondencia completa de Kafka; este volumen será el cuarto en continuidad con los publicados anteriormente. Al anunciado tomo de cartas le seguirán otros, hasta terminar la edición de toda la correspondencia que se conserva del escritor praguense. Con ellos se cerrará esta magnífica edición que ya es difícil de encontrar en librerías en su formato original, y que quedará como una joya bibliográfica para coleccionistas (a no ser que Galaxia decida ahora la reimpresión de aquellos otros tres tomos de lujo). Contamos, es cierto, con otra edición más económica de la "obra completa" —con las mismas traducciones y comentarios de la edición original—, editada igualmente bajo el sello de Galaxia Gutenberg, pero el formato y la presentación dejan mucho que desear en comparación con aquélla. 

Estuche: "Obra completa" de Kafka






















A continuación, recuperamos para "Ciudad de Azófar" los textos que Luis Fernando Moreno Claros escribió para ABC Cultural en 1999, cuando apareció el primer tomo de las obras completas de Franz Kafka en Galaxia Gutenberg y Círculo de Lectores. Además, una reseña de la edición alemana de los relatos completos de Kafka en sus versiones originales —que más adelante publicó la madrileña editorial Valdemar— y la reseña del tercer tomo de las Obras completas (Galaxia-Círculo) aparecido en 2003. Esta última reseña la publicó "Babelia" [31 de enero de 2004]


[Los textos originales de las reseñas no han sido modificados, sí los enlaces a las diversas ediciones de los libros de Kafka]


Ante la ley del padre

Franz Kafka nació el año 1883 en Praga. Su padre, Hermann Kafka, era un acomodado comerciante de origen judío perteneciente a la pequeña comunidad de ciudadanos de habla alemana, idioma que constituyó también la lengua habitual del hijo. El muchacho, afable y enfermizo, sentía un temor exacerbado frente a su progenitor, de carácter áspero y despótico; la incomprensión y el desprecio del que hacía gala el padre amargarían a Kafka durante toda su vida. Desde pequeño, el joven se habituó a vivir sometido, en un universo en el que el único gobierno y la única ley eran los que imponía el padre, quien, como todo autócrata, jamás esgrimía razones para justificar sus mandatos y castigos, surgidos del poder de una ley incomprensible para el hijo. Ante ese poder, Franz se sentía «absolutamente impotente y carente de valor». Sin embargo, muy pronto constituirían, primero la lectura y luego la escritura, el modo de disipar un tanto las ataduras impuestas en el mundo de la familia y de paliar las humillaciones a las que Franz se veía sometido en el ámbito dominado por el padre; era su protesta silenciosa contra lo que de ningún otro modo podía aspirar a derrumbar. La madre de Kafka, Juli Löwy, tenía un carácter distinto al de su marido, pero su papel en la vida del hijo fue irrelevante frente al del padre, a quien ella amaba y respetaba y al que no osaba contradecir, ni siquiera en defensa de los hijos. Tres hermanas más pequeñas contribuyeron a aislar aún más a Franz en su universo particular. Kafka comenzó a escribir a los quince años, hacia 1897-98. En 1902, conoció a Max Brod, otro joven con aspiraciones literarias que acabaría por convertirse en su amigo más incondicional. Él lo introdujo e círculos intelectuales y lo animó a publicar en alguna de las revistas literarias que abundaban en Praga. Por esta época ya había leído a los clásicos alemanes: Goethe y Schiller, así como a Grillparzer, por quien sintió de inmediato una gran afinidad espiritual. Pronto entraría también en el mundo de Kleist, de Flaubert y de Dostoyevski, verdaderos modelos intelectuales para Kafka. Con su descubrimiento, el universo del joven escritor adquirió una esfera de íntima libertad y su capacidad de interpretar la realidad adoptó dimensiones hasta entonces desconocidas para él. 

La mejor biografía de Kafka
         En 1906, Kafka se doctoró en derecho. Negándose a ejercer la abogacía, terminó por ingresar como consultor en el departamento jurídico de una gran compañía de seguros laborales, donde permaneció hasta su jubilación anticipada, en el año 1922. Aunque ejerció su trabajo con honestidad y eficacia, jamás lo consideró esencial para el desarrollo de su personalidad, ni tampoco para su enriquecimiento interior; Kafka aseguraba, como Flaubert, que su ser no era otra cosa que literatura y que todo lo demás carecía de importancia. Sus primeras publicaciones vieron la luz en la revista Hyperion, en 1908; se trataba de tímidas composiciones de carácter lírico-onírico, que ya presagiaban la sensibilidad especial que caracterizaría su obra posterior, surgida de un extremado ensimismamiento. 

Una velada del año 1912, hallándose de visita en casa de Max Brod y portando consigo las pruebas de imprenta de su primer libro –Contemplación–,Franz Kafka conoció a Felice Bauer. La joven berlinesa, judía también y de paso por unas horas en Praga, no le causó al principio una impresión especial. Junto con Brod, la acompañó esa tarde hasta su hotel y, a consecuencia de que ella había mostrado interés por la realización de un posible viaje a Palestina, Kafka acordó escribirle; así lo hizo. A través de la relación exclusivamente epistolar, surgió entre ambos una atracción amorosa, forzada indudablemente por el ansia de cariño de Kafka. Éste otorgó una personalidad irreal a Felice, la cual, ciertamente, era muy distinta de él; se trataba de una persona práctica, jovial, activa y enérgica. Durante el primer año de correspondencia, Kafka se sintió embriagado por la sensación de sentirse –o de creerse– enamorado; dicha sensación parecía fortalecerlo y alentar su trabajo literario, que nunca hasta entonces fue tan productivo. Felice le proporcionaba, a semejanza de las vidas de los autores que admiraba, otra esfera de escape del mundo dominado por el padre. El periodo comprendido entre los años 1912 y 1917 destaca por la fértil producción literaria de Kafka. Infinidad de cartas, copiosos cuadernos de diarios, decenas de esbozos, etcétera; la creatividad literaria se hallaba entonces en su apogeo y no declinaría ya nunca. De los dos primeros años del noviazgo datan narraciones tan excelentes como «La condena», «El fogonero» y «La transformación».
Kafka pide la mano de Felice en 1913, pero cuando ella aceptó, el idilio comienza a mostrarle al escritor su verdadera faz. A partir del compromiso matrimonial con Felice, se inicia un periodo de mortal angustia para Kafka; súbitamente, se vio enfrentado con un nuevo poder al que consideraba imposible combatir, dada su extrema debilidad y su falta de confianza, herederas directas de la sumisión al padre. «Ridículamente enjaezado para el mundo», como él mismo escribió, advertía en su futuro matrimonio la amenaza de otras nuevas condenas, de nuevas imposiciones y humillaciones. En su célebre «Carta al padre», de 1919, Kafka escribiría una confesión sorprendente: «Casarse, fundar una familia, aceptar los hijos que vengan, conservarlos en este mundo tan inseguro y hasta guiarlos un poco es lo máximo que, según mi convicción, puede conseguir un hombre». Sin embargo, Kafka no se sentía capaz de lograr algo que –al menos en apariencia– parecía ser tan común y tan sencillo. Ante la ley del matrimonio tendría que dejar la literatura y elegir «la vida», mas él no se sentía dotado sino para la primera. En realidad, veía el matrimonio como un patíbulo; los muebles oscuros, sólidos y burgueses que pensaba comprar su novia a fin de instalar un hogar «digno de un doctor en derecho» le daban la impresión de ser otros tantos ataudes. Felice irrumpiría de pronto en su esfera íntima de libertad, imponiendo otras leyes: «ella pondría mi reloj en la hora exacta», escribe Kafka en su diario; mientras que él solía retrasarlo o adelantarlo arbitrariamente, pues su tiempo interior no tenía porqué concordar con el tiempo exterior de sus congéneres. Sus temores convirtieron las cartas a Felice en un lamento, en un auténtico trabajo de zapa contra sí mismo: «Libérate de mí y vive», éste era su mensaje y su grito de auxilio. Tal actitud acabó por provocar una ruptura del compromiso matrimonial. Algunos meses más tarde, una nueva promesa y, finalmente, en 1917, otra ruptura definitiva del compromiso por parte de Kafka, dejaron en él una secuela irreparable: ese mismo año se le diagnosticó una infección pulmonar. La enfermedad recién descubierta fue el hierro candente al que se aferró para liberarse de Felice y del fantasma del matrimonio. La enfermedad, que aún no era demasiado grave, lo indujo a  alejarse de Praga y a retirarse al campo, a casa de Ottla, una de sus hermanas. En 1920, Kafka se compromete con July Whoryzek, en un nuevo intento de casarse, pero fracasa de nuevo; acaba por deshacer el compromiso. De esta época datan los magníficos relatos «En la colonia penitenciaria» y «Un médico rural», además de su novela inconclusa El castillo.