jueves, 21 de junio de 2018

Monumental biografía de Beethoven

La revista cultural miscelánea de literatura y pensamiento Letras libres publicó en el mes de mayo mi reseña de la monumental biografía de Ludwig van Beethoven, de Jan Swafford, publicada por la editorial barcelonesa Acantilado. Además del enlace a la reseña en Letras Libres, pongo a continuación el texto original que mandé a la revista:


Nueva vida de Beethoven

Beethoven
Traducción de Juan Lucas
Acantilado, Barcelona, 2017, 1.456 páginas.

Beethoven
Parecía difícil leer en castellano una biografía de Beethoven que superase la de Jean y Brigitte Massin (Turner, 2003), especialistas que reunieron con metódico rigor los documentos más relevantes del compositor de Bonn. Esta obrade Jan Swafford (Chattanooga, Tennessee, 1946), posterior a la citada, tiene una intención más narrativa y psicológica, y trata de comprender mejor al hombre que fue Beethoven. Además, da cuenta a grandes rasgos de las ideas que dominaron la época en la que vivió y con las que él armó su ideario. Beethoven fue un ilustrado antes que el romántico que quisieron ver  en él críticos musicales como E.T.A. Hoffmann. Tampoco se olvida Swafford de caracterizar a los personajes más importantes que rodearon a Beethoven, de quienes traza vivas semblanzas. Asimismo, repasa de manera somera los acontecimientos históricos. Y, como no podía ser de otro modo en la biografía de un músico, comenta con profusión las singulares obras de Beethoven. Como profesor de musicología en el conservatorio de Boston y compositor, Swafford consagra páginas esclarecedoras a revelar la magia de las composiciones más señeras de Beethoven, aunque sin cargar al lector, puesto que sus explicaciones son amenas y comprensibles hasta para los no versados en música.
         Así que en esta biografía —cuyo subtítulo es “Tormento y triunfo”—, muy bien traducida por el crítico musical Juan Lucas, el autor norteamericano presenta a un Beethoven muy personal sin por ello inventarse nada, pues sólo se basa en testimonios fidedignos.
Los rasgos de carácter del biografiado están claros desde el comienzo de la narración; enseguida sabremos que ya desde niño Ludwig van Beethoven (1770-1827) fue tosco y huraño, violento en sus sentimientos y en sus ademanes, aspectos que se agudizaron con el paso de los años. Fue un hombre de baja estatura, moreno —casi meridional—, de semblante más bien adusto; serio y poco dado a la jarana, al contrario que su padre, Johann, que era afable y amigo de juergas y terminó sus días destrozado por la bebida; en esto sí lo secundó el hijo, quien también fue un gran bebedor. 
Gracias a la tozudez de este padre parrandero Beethoven se convirtió en un virtuoso musical. Johann, celoso del talento y las ganancias de Mozart, paseado por su progenitor Leopold por todas las cortes europeas cuando niño para que deslumbrase con su virtuosismo y ganase dinero, quiso también que el pequeño Ludwig fuera un superdotado que le llenase los bolsillos de oro. Con este fin el padre sometía a su vástago a duras jornadas de ejercicios al teclado; así, entre broncas y alguna paliza, afloró el talento innato que en verdad poseía el hijo. Sólo “mi infinito amor a la música —dirá años más tarde Beethoven—, me permitió superar esta dura infancia y sacar más tarde todo el jugo a los conocimientos tan duramente adquiridos”.

lunes, 30 de abril de 2018

Novedades, libros y más libros (III)

Seguimos presentando los libros más recientes que nos han interesado estos días en "Ciudad de Azófar".

Naturaleza, Historia, Estado
Volvemos a Martin Heidegger, un filósofo que siempre nos interesa en este blog. La editorial Trotta ha publicado recientemente los apuntes de un seminario que «el filósofo del ser» impartió en los años 1933 y 1934; son apuntes que tomaron los alumnos de Heidegger, y que habían permanecido inéditos en Alemania hasta hace poco tiempo. Las lecciones llevan como título general: Naturaleza, Historia, Estado. La edición y la traducción castellana son del filósofo y gran especialista en Heidegger Jesús Adrián Escudero, quien firma un prólogo muy esclarecedor que sitúa estos apuntes en su contexto a la par que esboza las líneas maestras de su contenido. Heidegger, imbuido de nacionalismo germano en el año 1933, disertaba para sus alumnos sobre cuestiones que hoy parecen tan espinosas y sospechosas como las siguientes: «¿Qué papel desempeña el líder en la constitución del Estado y en la vertebración de la voluntad del pueblo? ¿Qué función desempeña la universidad alemana en la educación política de los ciudadanos? ¿Cuál es es destino de Alemania tras la crisis de la República de Weimar? ¿Hasta dónde se extiende su territorio? ¿Quién pertenece al espacio alemán? ¿En qué consiste el espíritu germánico?» Estas son algunas de las preguntas que determinan el contenido del seminario, muy ilustrativo para saber qué pensaba el propio Heidegger en estos temas eminentemente políticos.

Los apuntes son muy comprensibles (la traducción es excelente), el redactor describe las cuestiones que se trataron en las sesiones del seminario (diez en total) y los lectores de hoy pueden imaginarse con facilidad el clima que reinaba en el aula, dominada por las intervenciones de Heidegger, quien también permitía explayarse a los asistentes, lo cual era y sigue siendo algo muy característico de los seminarios universitarios alemanes.
El núcleo de la filosofía política que traza Heidegger es absolutamente nacionalista, va en la línea de los teóricos nazis y en la del más puro nacionalismo alemán. Es la ideología política que Heidegger defendió ya desde antes del ascenso de Hitler al poder y que continuó defendiendo hasta el final de la II Guerra Mundial y más allá.
1930-1949
Dichas ideas se ven bien en las anotaciones privadas de Heidegger de sus Cuadernos negros, al igual que también en la correspondencia entre  Heidegger y su hermano Fritz.

Dicha correspondencia de los años 1930 a 1949 la publica ahora en español la editorial Herder, en traducción del filósofo Raúl Gabás. Las cartas de Heidegger a Fritz son las más, mientras que de las misivas de este último al filósofo se recoge un número mínimo.

No descubren mucho más de lo que ya sabíamos sobre las ideas políticas de Heidegger, es decir, que fue un apasionado nacionalista alemán y seguidor de Adolf Hitler, un líder en el que Heidegger creyó desde antes de su ascenso al poder. Son cartas de corte familiar, poco extensas; además, muchas de estas cartas son fragmentarias pues los editores han omitido algunos párrafos; aún así, la imagen que presentan de Heidegger (la del hermano Fritz queda más diluida) es nítida: un hombre absolutamente obsesionado por su obra; impenetrable en su pensar, orgulloso de su jerga típica, creyente apasionado de sí mismo, y al que le gusta mostrar voluntad pero también ánimo sombrío en tiempos de guerra. Esto en cuanto a la persona. En cuanto a sus ideas políticas, lo dicho: nacionalista alemán de fe nacionalsocialista, tal vez algo matizada. El gran filósofo que fue no se colige del contenido de estas cartas.


Extravíos, Cioran
Se publica un texto del pensador Emil Cioran que hasta ahora estaba inédito en España: Extravíos —en traducción del experto en este autor Christian Santacroce—, en la editorial Hermida Editores (Madrid). El lector que se acerca al pensamiento de Cioran encuentra siempre más de lo mismo: el desgarro del pensamiento, el desgarro vital de un pensador ultrapesimista y la templada lucidez de quien parece haber perdido el ápice de ilusión necesaria para aguantar la existencia; aunque en Cioran ese ápice de ilusión se lo proporciona la plasmación escrita de su desesperación existencialista. Cioran apasiona a cuantos están descontentos con la vida, pero también, a quienes han perdido a Dios o lo buscan sin encontrarlo.
Basta abrir este bonito tomo de Extravíos por cualquier parte para encontrar párrafos de grueso calibre, y un tanto peligrosos para ingenuos e idealistas. Un ejemplo mínimo, sin ir más lejos:

«Pudiera ser que el deseo recóndito de cada hombre fuera la supresión de todo hombre. El destino oculto de cada quien es odiar a sus semejantes. Será acaso el misterio último del individuo una virtualidad homicida?».

O también: «En cada criatura yace la bondad y la maldad en igual medida. Un alma pura no podría sobrevivir ni siquiera un día; la posibilidad de la existencia radica en nuestra impureza»

Los años de la locura
Ecos de Nietzsche y Schopenhauer a la par, y el mismo estilo vigoroso y tajante incluso para expresar las dudas más solícitas, las inquisiciones más persistentes, las ilusiones perdidas y los desvaríos más monstruosos sobre el ser humano.

A la par que el nuevo tomo de Cioran, Hermida editores publica también las cartas que Franziska Nietzsche, la madre de Friedrich Nietzsche, cruzó con Franz Overbeck —uno de los más fieles amigos del filósofo— durante los denominados años del «hundimiento» o la denominada «década de la locura», desde 1898, año en que Nietzsche enfermó mentalmente, hasta 1900, cuando fallece. —El tomo de cartas lleva por título: Los años de la locura

El gran Stefan Zweig afirmó en su célebre semblanza de Nietzsche (incluida en La lucha contra el demonio) que estas cartas «constituyen uno de los documentos más conmovedores de la historia del espíritu». Y así es, dan testimonio del estado físico y mental en el que terminó el lúcido y apasionado autor de Así habló Zaratustra y, al mismo tiempo, demuestran la abnegación y el cariño que Franziska Nietzsche sentía por su hijo. El gran filósofo, convertido en un demente pacífico, era entonces, recluido en casa de Franziska en Naumburg, sólo un pálido reflejo de lo que había sido aquel alma de fuego de la filosofía; tal vez por eso, son más conmovedoras estas misivas que narran el día a día de aquel genio en las últimas, convertido en un ser demasiado humano, devorado por la enfermedad.

De senectute politica
Un ensayo interesantísimo, muy bien escrito y con un punto de idealismo moderado, necesario y hasta creíble (e incluso posible) es el firmado por Pedro Olalla: De senectute políticaCarta sin respuesta a Cicerón. Lo publica la editorial barcelonesa Acantilado. Es una obra breve pero muy sustanciosa, con reflexiones dignas del mismísimo Cicerón y de otros tantos estadistas de la Antigüedad Clásica; aunque las ideas son del propio Pedro Olalla que demuestra pensar con altura de miras y como no lo hace tal vez ningún político actual en España (no sé si en Grecia, nación que Olalla conoce muy bien, pero desde luego no en España). Vuelvo a decirlo: magnífica prosa, en el más puro estilo clásico-elegante, elevado y que invita a la elevación del pensamiento: es un placer leer semejante prosa, tan escasa en el ensayismo español contemporáneo (también el filósofo Javier Gomá es un claro ejemplo de ensayista de prosa elevada y elegantísima).
Algunas ideas sobre los tópoi clásicos de la fortuna, la vejez, la muerte, la valentía, la jovialidad… pero también pensamientos sobre la naturaleza de la democracia, su función y la que deben ejercer los ciudadanos, así como reflexiones muy acertadas sobre los peligros que acechan a la democracia en una época en la que los políticos son sólo hombres y mujeres de partido y olvidan a quién representan de verdad; en una época de corrupción y cinismo; en una época, en suma, que exige poco o nulo alcance intelectual a sus gobernantes. En el discurso hallamos interesantes propuestas de Pedro Olalla para mejorar la calidad de nuestra democracia; llamadas de atención a la honestidad y la idoneidad políticas, a la participación y la responsabilidad de  los ciudadanos; son páginas esclarecedoras y muy brillantes en las que que hay propuestas y buenas intenciones, como esa de acordar una renta básica para todos los ciudadanos sólo por el mero hecho de existir. Pedro Olalla reflexiona sobre lo que debería ser, acerca de aquello que es justo pensar y cabe desear, pero ¿qué político leerá esté libro? Y en caso de hacerlo ¿tendrá la suficiente altura intelectual y humana para entenderlo? ¿La valentía suficiente como para querer llevar a cabo lo mejor?
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domingo, 22 de abril de 2018

Especial Stefan Zweig: algunas reseñas recuperadas

Recuperamos una serie de reseñas de libros de Stefan Zweig firmadas por Luis Fernando Moreno Claros, aparecidas hace ya unos años en el suplemento cultural ABC Cultural (diario ABC) y en el suplemento cultural Babelia (diario El País). La afición y el entusiasmo en España por la obra de Stefan Zweig no decrece, sino que incluso aumenta cuanto más lectores la conocen; por eso no resultará baladí recordar aquí algunas de las reseñas que sin duda ayudaron a animar tal entusiasmo.


ABC Cultural publicó el siguiente artículo y la reseña que lo acompaña ( La piedad peligrosa) el sábado 5 de junio de 1999, con él dio comienzo la recuperación de la obra de Stefan Zweig en España.


Stefan Zweig: escritor de éxito,
ciudadano del mundo y pacifista


Stefan Zweig en 1900



En las décadas de los años veinte y treinta del presente siglo, Stefan Zweig (1881-1942) era el escritor más célebre de Europa. Conocido prácticamente en cualquier punto del globo, las tiradas de sus libros se multiplicaban sin cesar mientras se traducían a más de cincuenta lenguas. Thomas Mann afirmó en 1954 que, desde los tiempos de Erasmo, ningún otro autor europeo había llegado a ser tan leído ni tan popular como este austriaco de origen judío. Hijo de un acaudalado hombre de negocios establecido en Viena, Zweig pudo dedicarse desde muy joven a la literatura con el consentimiento y el amparo de su padre. Publicó artículos, poemas y reseñas en los mejores periódicos de la activa capital de los Habsburgo; simultáneamente se doctoró en filosofía y literatura y viajó sin cesar por toda Europa trabando amistad con las personalidades más relevantes del mundo cultural del viejo continente (Verhaeren, Rolland, Rilke; luego, Freud, Hesse, Mann, Gorki). Desde muy joven, profesó el europeísmo y el cosmopolitismo; consideraba que ningún ser humano merecía ser despreciado a causa de su origen, religión u otras particularidades suyas o de su nación. 

Como judío, sostuvo que la diáspora había fomentado la integración de los de su raza en el mundo; miraba con recelo el sionismo, que pretendía crear una nación judía, aglutinar a sus miembros y, diferenciándolos, predisponerlos al enfrentamiento con otras naciones. Zweig era pacifista, creyó en el ideal de Tólstoi y en la posibilidad de una paz duradera para Europa si triunfaba en ella la cultura y se superaban los odios nacionales. Pensaba en la creación de una «república espiritual» de las artes, las ciencias y las letras, que indudablemente vencería a la otra de los estadistas absurdos y la sinrazón. Sin embargo, durante los sesenta años que duró su vida, Zweig tuvo ocasión de asistir al paulatino desmoronamiento de sus ideales. 

La Gran Guerra de 1914 aniquiló las antiguas monarquías y destruyó definitivamente un mundo que ya no habría de regresar jamás. Pese a ello, Stefan Zweig se esforzó por alentar a sus congéneres en la necesidad de una fe aún más intensa en la potencia creadora de los seres humanos, pues sólo esta fuerza podría oponerse al poder ciego y destructivo que había conducido al embrutecimiento del espíritu. A semejanza de Goethe, Zweig cifraba su apasionado amor por la existencia en esa curiosidad y esa admiración incesantes suscitadas por el milagro humano de engendrar y concebir. Tras la catástrofe bélica, la imagen del hombre creador lo obsesionaba, pues sólo en él veía la potencia capaz de hacer avanzar a la Humanidad hacia nuevos horizontes. Aunque el espíritu de la cultura hubiera sido derrotado un vez más por las fuerzas del mal, el ejemplo de los artífices de tal espíritu seguía aún vivo tras la derrota. De ahí su interés por la gran literatura y los grandes creadores de todas las épocas, entre los que contaba a Balzac, Dostoyevski, Nietzsche, Hölderlin o Dickens. Entre 1925 y 1940, Zweig dio al mundo lo mejor de su producción literaria: apasionadas biografías de personajes históricos como Fouché, María Antonieta o Erasmo de Rotterdam, ensayos como los célebres sobre Mary Baker, Freud o Montaigne y un número considerable de relatos apasionantes en la más pura tradición novelística de los grandes narradores del siglo XIX y la corriente literaria austriaca encabezada por Schnitzler. Su estilo sobrio y ágil, la fuerza psicológica de sus argumentos y la incisión con la que trata a sus personajes, le depararon un éxito desconocido hasta entonces por otros escritores de su generación. 

Cuando los nazis accedieron al poder y en las ciudades universitarias alemanas comenzaron a arder piras de libros proscritos por el régimen, también se inmolaron las obras de Stefan Zweig; sólo en contadas bibliotecas, ocultos en el denominado «armario de los envenenados», se consignaron algunos ejemplares para uso «científico», esto es, a fin de que los necios eruditos a sueldo de aquel Estado fantoche los denostaran y escribieran mamotretos plagados de injurias acerca de la insania de un autor «no alemán», «ajeno al nuevo espíritu germánico». En 1934, la hermosa villa que Zweig poseía en Salzburgo, que constituía un centro de atracción de las más grandes personalidades de la época (Joyce, Wells, Werfel, Valéry, Richard Strauss, Alban Berg, Bruno Walter o Toscanini son sólo un ejemplo de quienes la visitaron), fue prácticamente asaltada y registrada salvajemente por la policía secreta que acusaba al pacifista Zweig de tráfico de armas para instigar un levantamiento socialista. 

viernes, 6 de abril de 2018

Lecturas recuperadas: Un viaje a Ámsterdam a través del tiempo


Un viaje a Ámsterdam a través del tiempo

Reseña de Ingrid Arregui Álvarez para Ciudad de Azófar

Russell Shorto: Ámsterdam. Historia de la ciudad más liberal del mundo, Madrid, Katz Editores, 2016, 349 páginas.

El historiador y periodista norteamericano Russell Shorto (1959) nos conduce en este libro con mano maestra por las calles de Ámsterdam en un viaje espacio-temporal para sentir esta ciudad peculiar ―cuna del liberalismo moderno― con una nueva perspectiva enriquecida por episodios curiosos, escenas pregnantes y personajes variopintos, rescatados del pasado y narrados con una viveza extraordinaria. Shorto es colaborador en The New York Times Magazine y gran conocedor de Ámsterdam: residió allí seis años, fue director del John Adams Institute, donde ejerció una importante labor fortaleciendo las relaciones culturales entre los Países Bajos y Estados Unidos. Su tarea divulgadora se ha reflejado en libros como Descartes’ bones, 2008 (Los huesos de Descartes, Duomo, 2009), The island at the center of theWorld, 2004 (Manhattan. La historia secreta de Nueva York, Duomo, 2011).
Ámsterdam-Shorto

El autor comienza su ensayo con datos cotidianos de su vida en Ámsterdam, inicio que trasluce su amor por esa ciudad y su implicación en esta obra. A la vez nos ofrece un aperitivo de tópicos holandeses: las bicicletas, la luz blanca y nítida, los edificios de ladrillo rojo, los canales, las casas flotantes, el distrito rojo, la pintura, los tulipanes, los ocupas, los hippies, los coffee shops. Todo ello constituye una muestra de esta ciudad loca, tolerante, a la vez que conservadora, donde la calma y la convivencia del multiculturalismo se han logrado gracias a esa actitud tan típicamente neerlandesa: gedogen, “técnicamente ilegal, pero oficialmente tolerado” (pág. 23). La Ámsterdam fascinante del presente, que ha vuelto a vivir un auge del progresismo a finales del siglo XX, refleja el gran influjo que tuvo este pequeño núcleo sobre el mundo entero, también en la génesis de Estados Unidos,  al fraguarse en ella durante su siglo de oro (de finales del XVI a finales del XVII) algunas de las ideas fundantes de la modernidad: el liberalismo social y económico, su conexión con la democracia, la importancia de los derechos y libertades individuales.






Ya en este primer capítulo situado en el presente irrumpe el pasado: la ocupación nazi, el exterminio judío y la historia de Ana Frank a la luz de la presencia de una amiga del propio autor, Frieda Menco, que conoció a Ana y a su familia, pero sobrevivió al horror de Auschwitz. Este recurso de utilizar los personajes secundarios para crear suspense y abordar luego los acontecimientos históricos constituye uno de los puntos fuertes de la técnica del historiador Shorto; además le sirve para resaltar que la historia la hacen personas concretas, muchas veces desconocidas, con sus decisiones y acciones desconcertantes, una prueba más de la importancia que concede al individuo y su papel en el mundo moderno. Pero sin obviar nunca la trascendencia de los grandes personajes, a los que arriba Shorto después de mantenernos en la intriga del devenir histórico; y ahí están nombrados como colofón a este inicio del viaje, Spinoza, Rembrandt o la misma Ana Frank. Por eso, su libro no es un ensayo sobre política, sino un estudio histórico, sociológico, de microbiografías sobre una ciudad viva y sus habitantes, que forjaron el liberalismo y la modernidad.