lunes, 25 de enero de 2021

 Conciencia contra violencia

 

 

Stefan Zweig

Jeremías

(Poema dramático en nueve cuadros)

Traducción del alemán de Roberto Bravo de la Varga

Acantilado, Barcelona, 2020, 288 páginas, 18 euros.

 

 

 

sta reseña apareció en "Babelia", suplemento cultural del diario "El País" el bajo el título de "Stefan Zweig, pacifista y clarividente" el 8 de diciembre de 2020].


La obra escénica de Stefan Zweig (1881- 1942) es apenas conocida en España e Iberoamérica. Tersites (1807), La casa junto al marEl comediante transformado (ambas de 1912), y la adaptación de la comedia Volpone, del inglés Ben Johnson (1926), no constan en las mal denominadas Obras completas de Stefan Zweig que publicó la barcelonesa Editorial Juventud entre los años 1952 y 1955. Los cuatro gruesos tomos de esta celebérrima edición recopilan la suma de lo aparecido en castellano (principalmente, en Argentina) del autor austríaco; pero en modo alguno recogen su «obra completa» —ni siquiera en alemán existe una edición crítica que recoja la inmensidad de cuanto escribió Zweig—. Cabe suponer, por lo tanto, que las piezas teatrales mencionadas nunca han sido traducidas al español. En cambio, al final del tomo I, que contiene las «Novelas», nos encontramos por sorpresa con el drama Jeremias.



Edición de "Obras completas" de Zweig en editorial Juventud


El traductor suizo, naturalizado argentino, Alfredo Cahn —amigo personal de Zweig—, trasladó Jeremías al español aún en vida de su autor, aunque la traducción se publicó en 1942. Es la única con la que hasta ahora contábamos los hispanohablantes.

La nueva versión del experimentado Roberto Bravo de la Varga es más poética y más cuidada en el estilo que la de Cahn; sobre todo, la vuelve actual; Zweig emuló el lenguaje bíblico y su patetismo, con sus tonos exaltados y trágicos; y esta cuidada traducción da naturalidad y viveza a ese lenguaje, devolviéndole la fuerza del drama padecido por el pueblo judío que se negó a escuchar a su profeta.

Zweig concibió esta obra en 1915, en plena I Guerra Mundial, mientras Europa se desangraba y él veía, atónito, cómo día tras día las naciones se empeñaban en agredirse unas a otras con saña y ferocidad.

Al comienzo y en medio de la vorágine europea, muchas veces rememoró Zweig al personaje bíblico que, ya en tiempos ancestrales, también clamó contra la guerra. Sus conciudadanos, ciegos a sus palabras de advertencia, embriagados de orgullo y de excitación ante una «gloriosa contienda» que iniciar, lo tacharon de «derrotista» —aunque entonces se dijera simplemente «traidor»—; y poco faltó para que lo asesinaran por sus críticas. Zweig sintió necesidad de reescribir aquella historia, porque en realidad la entendía como una parábola premonitoria de la circunstancia de Europa.

El drama transcurre en Jerusalén (siglo VI a. C.); comienza poco antes del asedio de la ciudad —que duró ocho meses, según la Biblia—, y concluye con su destrucción y el éxodo de los judíos. Los ejércitos caldeos de Nabucodonosor II consumaron el asalto, el saqueo y la masacre posterior de buena parte de sus habitantes. El temible rey babilonio ordenó matar a los dos hijos de Sedecías, monarca absoluto de Jerusalén; además, quemarle los ojos al rey después de obligarlo a presenciar el sacrificio de sus vástagos.

Jeremías oyó la voz de Yahvé y profetizó lo que habría de suceder si Sedecías rompía su alianza con Nabucodonosor II y, apoyando al faraón de Egipto, le declaraba la guerra. Los esfuerzos del profeta por convencer a sus conciudadanos y a su rey de que debía prevalecer la paz sobre la guerra fueron vanos; el pueblo llano estaba azuzado por otro profeta rival, Ananías —un «populista» de entonces—, al que apoyaba el ejército; y éste sembraba por doquier la semilla de las falsas ilusiones, prometía victorias épicas y supuestas ventajas futuras nacidas de aquella guerra que señalaba como necesaria para obtener la libertad de la nación oprimida.

Los hechos se precipitan y, como era de esperar, muy pocos escucharon las palabras de cautela y conciencia que pronunciaba Jeremías; mientras que fueron muchos los que se dejaron seducir por los apasionados cantos de sirena que celebraban la violencia. Al ferviente profeta se lo tachó de farsante y saboteador. Pero al final, cuando ya era demasiado tarde, los maltrechos judíos sobrevivientes de la guerra vieron con pavor la verdad de sus profecías.

 La tragedia —en una versión más breve que la aparecida en libro— se estrenó en el Teatro Estatal de Zúrich el 27 de febrero de 1918. El triunfo fue apoteósico. Los espectadores quedaron atónitos y sobrecogidos por la fuerza del drama. Zweig fue equiparado a Shakespeare. 

Sin embargo, él se había limitado a expresar a sus contemporáneos con muchas dosis de enfado y pasión, con poderosas cadencias versificadas y distintos recursos literarios, lo que sucedió en Europa en 1914, cuando la mayor parte de las naciones parecían sedientas de guerra. También entonces, se ninguneó y proscribió a las pocas voces que se alzaron contra la catástrofe que se avecinaba.

Además de inspirarse en el libro homónimo de la Biblia para crear la figura del profeta Jeremías, Zweig se fijó en su gran amigo Romain Rolland. El autor galo fue uno de los mayores críticos contra la guerra, un pacifista a ultranza; y se erigió en el máximo defensor público de «la conciencia de Europa», la que hermana a los pueblos y los mantiene unidos en los antiguos ideales de tradición grecorromana y cristiana. 

Pero también el propio Zweig, altamente sensibilizado por la postura antibelicista y las ideas de Romain Rolland, se veía reflejado simbólica e idealmente en la figura profética de Jeremías. Años más tarde, en 1934, cuando los nazis se destacaban en el horizonte como señores de Europa, y el comunismo trazaba sus crueles planes para el exterminio de cientos de miles de personas en la Unión Soviética, otra figura con conciencia tomó forma en libro, gracias a la maestría narradora de Zweig; en esta ocasión se trató de Erasmo de Rotterdam. Esta biografía del gran humanista del siglo XVI navegaba en la misma estela que su Jeremías. Ambos personajes expresaban la personalidad del autor que los recreaba. Por eso, Zweig aseguró que tanto el drama teatral como su Erasmo eran sus obras «más personales y privadas», porque expresaban su neta postura de «eminente pacifista» y de humanista.

Con la publicación de Jeremías en forma de libro —en 1917, en la editorial Insel— comenzó la fama meteórica de Stefan Zweig como escritor de éxito, pues alcanzó unas ventas inusitadas para la época. Éste afirmo en sus famosas memorias —bajo el título de El mundo de ayer—, que hasta la aparición de Jeremías, todo cuanto publicó anteriormente empalidecía como mera bagatela, frívola e inmadura. A partir de su publicación, en cambio, mostró su conciencia moral y esa postura comprometida con la paz mundial que habría de ser su sello personal a partir de entonces. Zweig fue tan pacifista que nunca se manifestó en público ni siquiera en contra de la Alemania hitleriana; sólo en el último gran relato que escribió, Novela de ajedrez, asestó un golpe abierto al nazismo y a sus secuaces. Pero quedó para la posteridad.

       Cuando se publicó Jeremías y, más aún después de que se estrenara en los escenarios europeos, la sensibilidad de europea era la adecuada para recibirlo: el Viejo Continente estaba harto de sangre y fuego; hastiado de las atrocidades y de las miserias de la guerra. Y fue Zweig quien se atrevió a decir lo que muchos ocultaban en su fuero interno: que la Gran Guerra había sido una estéril crueldad, una magnífica estupidez que costaba millones de vidas … para nada. Pese a ello, al mismo tiempo que Zweig expresaba esta verdad en su drama sobre el denostado profeta judío, la obra aportaba esperanzas de futuro: pues ocurre a menudo que de los vencidos emana una fuerza de reacción que para sí quisieran los vencedores. Y esto era lo que también proclamaba Zweig con la potencia de convicción de su personaje. Tal vez pudiera aprenderse algo de aquella nueva catástrofe —venía a decir el autor—, y de tamaña y mortífera derrota, acaecida en realidad a la humanidad entera, pudiera quizá nacer cual ave fénix una futura vida mejor en la que no hubiera más guerras. Zweig creía entonces que Europa despertaría de su pesadilla y que algún día conformaría una unidad cultural única, exenta de nacionalismos y divisiones.

En sus mencionadas memorias, escritas unos meses antes de morir, el tono de Zweig era más escéptico y hasta pesimista: «…he visto nacer y expandirse ante mis propios ojos las grandes ideologías de masas: el fascismo en Italia, el nacionalsocialismo en Alemania, el bolchevismo en Rusia y, sobre todo, la peor de todas las pestes: el nacionalismo, que envenena la flor de nuestra cultura europea». A esas alturas sabía ya que para aquella «peste» no había vacuna. L.F.M.C.




miércoles, 16 de diciembre de 2020

The Paris Review: Entrevistas geniales

Acantilado publica una fabulosa edición de una selección de entrevistas literarias de la célebre The Paris Review. 

The Paris Review, fundada en 1953, se hizo famosa entre los aficionados a la literatura por las entrevistas que número a número iban publicándose de un escritor de altura. Eran conversaciones largas, elaboradas de tal forma que en ellas destacara la personalidad del entrevistado y las peculiaridades de su obra literaria. Muy cuidadas en el estilo, el goce para el los lectores estaba asegurado.

Tal disfrute nos lo ofrece ahora Acantilado al ofrecernos 100 de estas entrevistas completas repartidas en dos espléndidos volúmenes guardados en un lujoso estuche, bajo el título de: «The Paris Review» Entrevistas (1953-2012).

The Paris Review
100 entrevistas 

  La selección corre a cargo de Sandra Ollo, actual editora de la editorial Acantilado. Fascinada por el descubrimiento de esta revista —según contó ella misma en la presentación de estos volúmenes—, hace ya varios años, tuvo la idea de reunir las entrevistas que más le gustaban y publicarlas, pero fue el desaparecido y celebrado editor Jaume Vallcorba (el fundador de Quaderns Crema y Acantilado) quien secundó la idea de Sandra Ollo y le dio el visto bueno para el levar a la práctica el proyecto. Se gestó a lo largo de ocho años y, finalmente, ha concluido en estos dos volúmenes sin parangón.      

Con las 100 entrevistas seleccionadas se consigue dar un panorama muy variado, pero también exquisito, de lo que fue la cultura literaria occidental de la segunda mitad del siglo XX en adelante. El lector entendido y maduro encontrará nombres que le son familiares desde hace mucho tiempo, mientras que para los lectores y lectoras de menor edad, el encuentro con estas entrevistas supondrá el descubrimiento de las voces más señeras de la literatura contemporánea. Unos y otros se animarán a leer sus obras. En fin, que todas estas entrevistas, además de proporcionar mucha información de cada autor sobre la manera de pensar y de enfrentar su obra, conducirá al descubrimiento de libros nuevos. Ya se sabe que los buenos libros llevan siempre a descubrir otros. 

«The Paris Review» Cambió el modo de entrevistar a los escritores. Las preguntas y las respuestas daban pie a que el entrevistado se explayase ampliamente sobre sí mismo y sus obras, con plena libertad. Los textos de las entrevistas se trabajaban durante semanas o meses hasta que el entrevistador tanto como el entrevistado quedaban satisfechos con el resultado. Eran trabajos casi más literarios que periodísticos; no se producían para consumir en un momento sino para releer al cabo del tiempo, al cabo de los años … tal y como podemos hacerlo actualmente. Con todo, las entrevistas conservan la frescura de lo espontáneo, dado el buen hacer y de los responsables de editarlas. 

Las traducciones de las 100 entrevistas están firmadas por cuatro voces distintas: Maria Belmonte, Javier Calvo, Gonzalo Fernández Gómez y Francisco López Martín. De esta forma se distinguen también más variedades de tonos entre los diversos entrevistados.  

Los volúmenes están cuidados al máximo, desde el cartón del estuche y las cubiertas (ilustradas por el pintor e ilustrador Perico Pastor), hasta la impresión de los libros, en ese papel tan agradable a la vista y al tacto elegido por Acantilado, además de su elegante tipografía. Así que estos dos volúmenes en estuche son una verdadera joya de la edición, que proporcionaran entretenimiento asegurado.

En cuanto a las entrevistas, ¡son una delicia para el lector! Conozcas o no la obra de los autores seleccionados, leer sus opiniones es toda una experiencia. Enseguida dan ganas de leer o releer sus libros. Leemos la entrevista con Jack Kerouac, y de inmediato nos gustaría volver a releer En el camino,  la novela que tanto nos fascinó en la adolescencia; o la magnífica e irónica entrevista con el irreverente Vladímir Nabokov (martillo de bolcheviques y de la literatura de la corrección política), que nos lleva a releer Lolita; ¡qué frescas sus opiniones!, y qué actuales pese a que hayan pasado tantos años de aquellas entrevistas. 

A los entrevistados se les preguntaba sobre todo el oficio de escritor y sobre la literatura en general; sobre sus gustos y sus fobias … sobre sus ritmos creativos … Preguntas muy atinadas por parte de diversos entrevistadores dan a cada entrevista un sesgo propio. Hay entrevistadores que hablan más que otros que se muestran más parcos, pero todos hacen preguntas atinadas que dan pie al explayamento de los autores, que son los que verdaderamente tienen que expresarse. La mayor parte de éstos (y éstas), son personas curiosas; de ellas siempre tendremos algo que aprender quienes sentimos interés por los libros, en cada una de las entrevistas encontramos algo sobre lo que reflexionar. 

Sin darnos cuenta vamos leyendo entrevista tras entrevista, saltando primero a nuestros autores favoritos, dejando a los otros para más tarde; pero favoritos o no, cada cual revela algo importante de su escritura; conmueve también observar que muchos de ellos sufren al ejercer su trabajo tanto como disfrutan. El nerviosismo que les atenaza cuando son incapaces de escribir como desean, el placer de escribir la frase redonda, la frase perfecta … la frustración de no haber dado todo de sí mismos … En esto se muestran enteramente humanos y enteramente artistas…

Los escritores entrevistados son artistas, pesos pesados de la literatura (abundan los de habla inglesa, por cierto) por eso sus opiniones sobre su arte dan tanto que pensar … muchos dicen cosas parecidas aunque con un sesgo personal… Imaginación, inspiración y mucho de oficio … es algo en lo que muchos de ellos inciden al hablar de los pilares fundamentales del oficio de escribir, de la profesión y del arte… 

En fin, las entrevistas —muy bien elegidas, por supuesto— son muy entretenidas porque se refieren a lo esencial del arte de escribir; la mayor parte de estos autores no pontifican ni disertan sobre política o crítica social, no son "intelectuales", sino artistas; no tienen por qué ir vertiendo por ahí sus críticas al mundo. Ya lo hacen en sus novelas, los que lo hacen … 

La lista de autores seleccionados consta de cien nombres. Tenemos lectura para una larga temporada. El lector empezará buscando los autores que le son más afines, pero terminará por leerlos a todos, eso es seguro.   


Las entrevistas se abren con la primera de todas, dedicada a Foster y termina con la del editor y escritor 
Roberto Calasso “un guiño hacia uno de los grandísimos editores actuales, al frente de Adelphi, además de un autor extraordinario”, en palabras de Sandra Ollo. 


The Paris Review



El lector encontrará entrevistas, entre otros muchos autores y autoras, con Hemingway, Simenón, Graham Greene, Isak Dinesen, Truman Capote, T. S. Elliot, Robert Frost, Louis-Ferdinand Céline, Nabokov, Dorothy Parker, Isak Dinesen … Saul Bellow, Bashevis Singer, Auden, Isherwood, Gore Vidal, Heirich Böll … Raymond Carver …

Con Kundera, Koestler, Ionesco, Marguerite Yourcenar, Max Frisch, Iris Murdoch, Tom Wolfe, Toni Morrison, Primo Levi, P.D. James, George Steiner, Susan Sontag, Budd Schulberg, Martin Amis, Paul Auster, Haruki Murakami, Orhan Pamuk, Kazuo Ishiguro, John Banville, Ray Bradbury, Umberto Eco, Houellebecq … También, como una excepción, con el gran cineasta Billy Wilder, narrador de grandes historias cinematográficas.

Y entre los autores hispanohablantes se encuentran  Jorge Luis Borges, García Márquez, Octavio Paz, Cabrera Infante, Jorge Semprún, Javier Marías, Camilo José Cela y Julio Cortázar… Y muchos más hasta cien … Cien jugosas entrevistas, todas muy interesantes,  porque los autores y autoras también fueron y son personas interesantes, con mucho que contar sobre su oficio: el de la literatura. 
En suma: ¡una deliciosa maravilla periodística, literaria y humana!  L.F.M.C.

 


sábado, 24 de octubre de 2020

Stefan Zweig y Joseph Roth, «Cinco pistas»


Recupero aquí un texto que escribí para "Babelia" en 2015, para la serie titulada «Cinco pistas», a raíz de la publicación de varios libros sobre Stefan Zweig, Joseph Roth y la relación de amistad que hubo entre ambos.



Cinco pistas sobre … Stefan Zweig y Joseph Roth: amistad, genio y exilio 

Aparece en castellano la correspondencia entre Zweig y Roth junto a dos ensayos que reconstruyen las peripecias de ambos escritores en el exilio. Por: Luis Fernando Moreno Claros 


 1. Súbditos del Imperio perdido. Stefan Zweig (1881-1942) nació en Viena, en el seno de una familia judía acaudalada; autor de éxito, fue un enamorado ejemplar de la gran cultura y la libertad. En 1930 trabó amistad con Joseph Roth (1894-1939), nacido en Brody (Galitzia); agudo periodista que por entonces se forjaba una carrera como escritor. Les unió la admiración mutua y la nostalgia del Imperio austrohúngaro, símbolo para ambos de la Europa multicultural y unida, la patria del pensamiento y el sentimiento. La I Guerra Mundial los despertó de aquel sueño de paz y equilibrio; el terror nazi desatado contra los judíos los empujó al exilio. 


 2. Autores geniales. Zweig y Roth fueron creadores extraordinarios. Del primero son célebres sus colecciones de relatos psicológicos y las novelas —La impaciencia del corazón o Novela de ajedrez, por ejemplo (extraordinarias)—. Del segundo destacan La marcha Radetzky y Job (excepcionales). Zweig fue un maestro de la biografía: María Antonieta o Fouché (apasionantes); y de retratos paradigmáticos como los de Nietzsche, Hölderlin y Casanova. Roth fue un periodista genial, con artículos sociales amenos y modélicos. El relato de su viaje por la Rusia soviética destapó la tristeza del estalinismo; el conmovedor ensayo Judíos errantes dio pie a su amistad con Zweig. 


 3. La mutua admiración. La amistad se apoya en la simpatía y la admiración, la afianzan el trato y el respeto, se alimenta de pequeños y grandes favores; la envidia sobra en su escenario. En los buenos tiempos, Roth y Zweig intercambiaron ideas: hay mucho de Zweig en algunas novelas de Roth y a la inversa. En los malos tiempos, Zweig apoyó cuanto pudo a Roth, siempre ahogado por las deudas y el alcoholismo; necesitaba dinero y aquél se lo dio a espuertas junto a buenos consejos que el amigo, desmañado y trágico, desoía. Roth murió alcoholizado poco después de escribir El santo bebedor. 


 4. El suspicaz y el confiado. Roth, más desconfiado y pesimista que Zweig, vapuleado por la penuria laboral y la escasez económica, vio con antelación lo que les aguardaba a los judíos con los nazis —“esa panda de mierdecillas y asesinos”—. Zweig, refinado y culto, era más inocente: creía en el triunfo del humanismo. Se identificaba con Erasmo de Rotterdam, el pacífico; no creyó que el populismo hitleriano triunfaría en Alemania. Pero ganó, y Zweig tuvo que huir hacia ninguna parte. Cerca del amargo final todavía escribió El mundo de ayer y el ensayo sobre Montaigne, otro de sus ídolos humanos fortalecedores. 


 5. Novedades literarias. Aparece la correspondencia entre los dos amigos, contiene más cartas de Roth que de Zweig. La acompaña el libro de Prochnik, imprescindible para conocer bien el exilio al que marcharon Zweig y su joven segunda esposa: Lotte Altmann. ¿Qué pasos dieron los cónyuges hasta acabar en Brasil y suicidarse? Y Ostende, un libro radiante en el que Weidermann rememora un episodio hermoso del exilio alemán: el veraneo de los proscritos en la blanca costa belga; Zweig, Roth, Irmgard Keun (amante del segundo), Ernst Toller y otros intelectuales germanos pasaron allí alegres días —los últimos— en aquel ominoso verano de 1936. 



 


Joseph Roth & Stefan Zweig: Ser amigo mío es funesto (Correspondencia 1927-1938). Edición de Madeleine Rietra y Rainer Joachim Siegel. Epílogo de Heinz Lunzer. Traducción de J. Fontcuberta y Eduardo Gil Bera. Acantilado, Barcelona, 2014, 432 páginas, 25 euros. George Prochnik: El exilio imposible. Stefan Zweig en el fin del mundo. Traducción de Ana Herrera Ferrer. Ariel, Barcelona, 2014, 416 páginas, 24,90 euros. Volker Weidermann: Ostende. 1936, el verano de la amistad. Traducción de Eduardo Gil Bera. Alianza, Madrid, 2015, 150 páginas, 16 euros.











miércoles, 30 de septiembre de 2020

Algunas novedades literarias del otoño de 2020

Algunas novedades de este otoño de 2020.

Pese a la apestosa pandemia que cae sobre todos, las editoriales nacionales siguen valientemente su marcha. Dejo aquí un breve apunte de algunas novedades que han llegado a este blog durante estos días:

La editorial barcelonesa Acantilado publica Poder y resistencia, de Ilija Trojanow, una sustanciosa y estremecedora novela sobre los horrores del totalitarismo comunista. La traducción del alemán es del afamado traductor Roberto Bravo de la Varga.


Dos personajes, Konstantín y Metodi,  se erigen en símbolo respectivamente de la resistencia y del poder. Al término de la II Guerra Mundial, grupos denominados «antifascistas» ayudados por el Ejército Rojo de Stalin derrocaron al régimen dictatorial en Bulgaria. Así sentaron las bases para fundar la República Popular Búlgara, constituida en 1946 como un Estado satélite de la  Unión Soviética. El dominio comunista perduró con altibajos hasta la caída del muro de Berlín, en 1989. Poco después, se introducía el "capitalismo" en el país y los antiguos dirigentes comunistas fueron sustituidos por gobernantes en apariencia liberales y demócratas (pero «demócratas» occidentales). En esa época se promulgaron leyes que garantizaban a los antiguos presos políticos el acceso a las actas de los procesos que se les habían incoado durante el régimen comunista, a causa de los cuales fueron condenados a años de cárcel, presidio, vejaciones y torturas. 

Konstantín, un antiguo preso del régimen, acusado falsamente (como la gran mayoría de presos políticos) de atentar contra los intereses de la nación y del Estado, intenta conseguir las actas de sus procesos —cuál era la causa verdadera de  la acusación que pesó contra él— y descubrir a sus verdugos. Las peripecias con las que tropezará darán la pauta al lector de cómo fue el régimen que lo condenó y de cómo pervive la mentira en la «nueva normalidad» del país. Por otra parte, Metodi, un antiguo gerifalte comunista, tiene que enfrentarse también a su pasado (de carcelero y torturador) cuando un buen día aparece en su lujosa mansión una joven que dice ser hija suya: su madre habría sido una de las víctimas de Metodi… La historia de ambos personajes va intrincándose cada vez más y, con ella, va afianzándose la trama de la novela. Una novela que condensa la realidad cruel de aquellos años de miseria moral auspiciada por un régimen totalitario. 


Ayn Rand fue una autora que siempre odió los regímenes totalitarios y en sus célebres novelas alertó contra su fuerza destructiva. Deusto Ediciones está publicando la obra entera de Ayn Rand. Esta aguerrida mujer, escritora y filósofa, nacida en San Petersburgo y nacionalizada norteamericana (1905-1982), creó una filosofía de vida basado en ideales de heroísmo y responsabilidad individuales, así como una teoría política que casa mal con el colectivismo idealizado propalado por el comunismo. Ayn Rand desmontó las teorías colectivistas y totalitarias poniendo en guardia a la sociedad sobre los males que traen consigo: sin ir más lejos, la anulación del individuo y de la persona como criatura pensante y autónoma. Ayn Rand fue tildada de «fanática» del capitalismo y del individualismo. En 1936 publicó su aclamada novela Los que vivimos (muy divulgada en España en los años 60 en la célebre colección Reno, de Plaza & Janés); más adelante obtuvo grandes éxitos con obras como El manantial (1943) y La rebelión de Atlas (1957). 

Aparece ahora una novela temprana de Ayn Rand poco (o nada) conocida en el ámbito hispanohablante: Himno. Fue publicada en 1938. Un prólogo y un epílogo esclarecedores, además del facsímil de la obra con notas y marcas de la mano de la autora, consolidan una bella edición. 

Himno presenta una sociedad distópica en la que los individuos ya no cuentan; el yo personal, el ego (tal fue el nombre provisional de la novela antes de su publicación) queda diluido en favor del "nosotros" impersonal colectivo.

Una voz narrativa describe cómo es esa sociedad en la que se ha prescindido por completo del yo, en la que no existe libertad para el individuo, en la que un consejo de sabios momificados lo decide todo sobre todos. Rand adujo que no se planteó describir la situación de la Unión Soviética de manera abstracta, sino que iba más allá en su relato, y su crítica podía adaptarse a cualquier sociedad totalitaria… No quería radiografiar la esencia del totalitarismo soviético sino de todo totalitarismo; con ello, Rand creó una de las novelas distópicas más inquietantes de todos los tiempos; ¿metáfora de un futuro ya casi inmediato?


Otro libro de carácter muy distinto pero que es muy esclarecedor y, desde luego, cura de tentaciones totalitarias colectivistas y mesiánicas (o que debería curar) a poco que se adentre uno en us páginas, es Eso no estaba en mi libro de la Revolución Rusa, del profesor Javier Barraycoa Martínez, publicado por la editorial Almuzara


De una forma muy amena, escrito con suma claridad y con erudición divulgativa, el experimentado autor realiza un efusivo y exhaustivo trabajo de esclarecimiento. Los tópicos sobre la Revolución Rusa que todavía circulan por periódicos y revistas o que divulgan algunos admiradores acérrimos de aquella tragedia de doble cara caen por el empuje efectivo de las revelaciones de Javier Barraycoa. Hay muchas anécdotas sobre los líderes de la revolución, tan sangrienta y terrible como pocas. Nada escapa al escalpelo racional y erudito de del erudito autor: la mistificación de la revolución, y sus falsos presupuestos; la orgía de terror y crueldad que granjeó en la Rusia posterior a los zares. Los líderes: ¿quién fue de verdad el tan aclamado líder Lenin?; el vulgar y terrible Stalin, tan cruel y necio como Hitler. Un hombre manifestador y autoritario que lo único que hizo en su vida fue sembrar el mal. Las hambrunas y los genocidios a los que el régimen condenó a millones de ciudadanos. Las armas políticas utilizadas por los revolucionarios: las celebres 'purgas' de Stalin, el Gulag… Cárceles, torturas, exclusión y exterminios absolutos de cualquier disidente, fuera quien fuese. El ateísmo de la revolución que fue sustituido por inexplicables cultos esotéricos más nocivos que la religión popular que los revolucionarios se empeñaron en abolir (y que no abolieron nunca del todo). El extremismo radical de las revolucionarias que teorizaban sobre la condición  de las mujeres o del antisemitismo. En La Unión Soviética todo estaba planificado, todo controlado y todo era un desastre… Un libro estupendo para entender una vez más qué fue en realidad el régimen criminal comunista que se instauró en Rusia durante décadas y su nefasta influencia posterior (y presente) en tantas naciones. 

De la Rusia Soviética y su siglo  trata también la excelente biografía escrita por Alexandra Popoff sobre un hombre magnifico que en un principio creyó en las bondades del régimen comunista pero que finalmente se desencantó de él, y hasta sufrió persecución: el periodista y escritor Vasili Grossmann: lleva por título: Vasili Grossmann y el siglo soviético (Crítica).  El célebre autor de la inmensa novela Vida y destino y de otra gran novela de denuncia estalinista Todo fluye es visto sin prejuicios por su biógrafa, con suma objetividad y, desde luego, con admiración. El «Tolstói soviético», lo llama la autora. En verdad la gran epopeya de Grossmann Vida y destino puede compararse a Guerra y paz, de Tolstói (reseña en "Babelia" de esta novela).


Vasili Grosmann (1905 -1964) se formó como ingeniero pero abandonó su trabajo en los años 30 del pasado siglo para dedicarse en exclusiva a escribir, primero como periodista. Cuando estalla la Segunda Guerra trabajó como corresponsal de guerra del Ejército Rojo. Fue famoso entre las tropas por sus crónicas llenas de vida y acción de las batallas de Moscú, Stalingrado, Kursk y Berlín (desde donde cubrió las información del fin de la guerra). Fue uno de los primeros periodistas en descubrir en persona el horror de los campos de exterminio nazis. Sus testimonios escritos sobre el horror de Treblinka, una vez liberado el campo, sirvieron como pruebas criminales en los juicios de Núremberg. Grossmann, judío también él, perdió a su madre masacrada por los nazis. Después de la Segunda Guerra Mundial la fe de Grossmann en el régimen soviético mermó y se trocó en desconfianza. Nunca entendió el giro antisemita que dio el Estado soviético, auspiciado por Stalin y sus secuaces. Tampoco pudo comprender las masacres estalinistas (¡matar de hambre a tantos pueblos que habían creído en él!). Aunque Grossmann no sufrió arresto por parte de las autoridades sí que se lo silenció y sus dos obras maestras fueron censuradas por «antisoviéticas». La policía política del régimen, el KGB, impidió su publicación. Hasta mucho después de la muerte de Grossmann no pudieron ver la luz, y lo hicieron en Occidente una red de disidentes clandestinos. Hasta 1988 no apareció en Rusia Vida y destino, alcanzando un gran éxito. 


De las persecuciones de judíos por parte del régimen criminal de Hitler trata la polémica novela del joven escritor alemán Takis WürgerStella, editada por la editorial Salamandra en traducción de Ana Guelbenzu. Ha causado una enorme polémica en Alemania a causa de la manera novelada y hasta «frívola», según dicen, de tratar un asunto espinoso basado en casos históricos reales. Stella es el nombre de una mujer que vivió en Berlín realmente y que, empujada por las circunstancias —sus padres estaban en manos de la Gestapo— se dedicó a denunciar a judíos alemanes escondidos. Ella fue la causante de que familias enteras fueran deportadas a los campos de concentración y de que la mayoría de sus miembros fuera exterminada. 

Pero la realidad es una cosa, y otra, cómo la cuenta la novela de Würger. De manera muy cinematográfica —la historia está pensada más en una sucesión de imágenes fílmicas que en una sucesión de hechos descritos—, se narra la historia de un joven suizo, Friedrich, hijo de familia acaudalada, que llega a a Berlín en 1942, cuando la ciudad está inmersa en su segundo año de guerra mundial. Allí reina la escasez, dominan Hitler y la Gestapo, los torturadores andan sueltos por los bares de alterne y por las grandes avenidas y los cafés, y el mercado negro funciona de maravilla para la gente que tiene dinero y puede costearse los caprichos más caros. Friedrich queda obnubilado por la ciudad, y ya el primer día, a raíz de asistir a una clase de dibujo —el muchacho pinta y se supone que es artista, o quiere serlo; pero en realidad es sólo un diletante—, ya el primer día, decíamos, conoce a Stella (al principio con otro nombre). Ésta es una chica rubia y aria en apariencia, porque en verdad resultará que es judía. Ambos jóvenes comienzan una historia de amor, viviéndola a todo lujo en el hotel berlinés en el que no falta de nada gracias a la fortuna del joven aprendiz de artista. Friedrich está intrigado porque ha oído decir que por las noches recorren la ciudad camiones secretos y se llevan a los judíos berlineses hacia no se sabe dónde… Le intrigan también los secretos de su novia. Ésta desaparece misteriosamente unos días y luego regresa con signos de tortura, ¿qué ha pasado?




En suma, la novela se deja leer (excelente traducción de Ana Guelbenzu), pero es difícil olvidarse mientras se la lee de que en verdad el autor quiere que veamos una película un tanto excesiva y como hecha ad hoc para contar una historia que resulta ciertamente inverosímil. Hay un leve recuerdo a Adiós Berlín y a la película Cabaret, pero la exageración de esta novela mata el encanto que sí tenían aquellas obras, mucho más incitantes e insinuantes que siniestras.  Stella no es una buena novela. Los personajes son clichés cinematográficos, la historia es retorcida, el protagonista es demasiado bobo; la chica delatora de judíos es poco creíble (en la realidad lo fue, y muy letal)… No obstante, a los amantes de Tarantino o de la literatura pseudo-culta basada historias de nazis y del holocausto es posible que les guste. 


Mucho más convincente en su estilo y hechura es la novela El segundo jinete (Maeva) de la austriaca Alex Beer, una joven promesa de la literatura negra, inserta sin ocultación en la estela del escocés Philipp Kerr y el alemán Volker Kutscher.           

Como ellos, también Beer inventa un detective enclavado en una época histórica rebosante de conflictos y contrastes; esta vez no es Berlín, sino la Viena de 1919. El ambiente en el que se desarrolla la acción recuerda mucho al Berlín de los años veinte del pasado siglo de Kutscher, y el detective creado por Beer recuerda al detective Bernie Gunther, de Philipp Kerr, salvando las distancias, claro, y unas «distancias» no muy largas. También el nuevo detective August Emmerich vive en una realidad personal trágica: cree que tiene una familia, pero esa ilusión se esfuma rápidamente cuando el marido verdadero de su compañera sentimental regresa del frente desuñes de haberle dado por muerto durante años. Aparte de ocuparse de su abrumadora situación personal, Emmerich tiene que resolver el caso de unas misteriosas muertes; puesto en faena dará con el recuerdo de horribles crímenes de guerra en la Primera Guerra Mundial y con una supuesta venganza. El abrumado, pero probo e inteligente detective lleva a cabo sus pesquisas en aquella aterradora Viena ahíta de hambre, deslomada por la disolución del Imperio Austro-Húngaro. La historia es muy entretenida, al uso de este tipo de historias, y abocada probablemente a ser éxito de ventas entre los amantes del género.