Seguimos con las novedades que nos interesan estos días:
La editorial Atalanta publica siempre libros excelentes; uno de los que más nos gustan de entre su selecto catálogo —y que creemos que es una auténtica joya literaria que no ha tenido la atención que se merece— es Escolios a un texto implícito, del singular pensador colombiano
Nicolás Gómez Dávila (1913-1994). Apareció en 2005, son 1.400 páginas de aforismos lúcidos como centellas, certeros, cáusticos, irónicos… Y escritos en una prosa que Álvaro Mutis, calificó de las mejores en castellano: «No conozco antecedentes en castellano de una más transparente y hermosa eficacia de estilo», aseguró. Basta con abrir el libro al azar para leer piezas de pensamiento tan soberbias como las siguientes:
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| Nicolás Gómez Dávila |
«El tiempo es menos temible porque mata que porque desenmascara»; «La única derrota sin remedio es la imbecilidad, aún victoriosa»; «No hay tontería en que el hombre moderno no sea capaz de creer, siempre que eluda creer en Cristo»; «El extremismo político sirve para disculpar la mediocridad intelectual»; «Debemos resignarnos a que nada dure, pero negarnos a acelerar su fin»; «La tecnificación del mundo embota la sensibilidad y no afina los sentidos»; «No sentir la putrefacción del mundo moderno es indicio de contagio»; «Para adoctrinar nunca se apunta demasiado bajo»; «El público no sabe defenderse de ideas estúpidas sino adoptando ideas estúpidas de sentido contrario»
Así podríamos seguir reuniendo más aforismos hasta ocupar otras 1.000 páginas, todos interesantes. En cada una de dichas páginas hay al menos ocho o nueve pensamientos—«escolios», los denominó su autor— que dan que pensar, la mayoría aciertan en el blanco; difícil no dejarse llevar por el rapto de lucidez de su autor. Nada hay equiparable en castellano, ni tampoco en el extranjero. Elias Canetti, por ejemplo, pasa por ser un gran cultivador de aforismos, pero los del autor de La provincia del hombre son tal vez —en conjunto— de menor calado intelectual, pues a Canetti le faltó el profundo saber meditado de Gómez Dávila, el conocimiento filosófico, la pasión por la trascendencia, el gusto por la historia… Aunque ambos, tanto Canetti como Dávila, participan de una visión pesimista de la naturaleza humana y de esa misantropía propia de las mentes sensibles y superiores.






