sábado, 24 de octubre de 2020

Stefan Zweig y Joseph Roth, «Cinco pistas»


Recupero aquí un texto que escribí para "Babelia" en 2015, para la serie titulada «Cinco pistas», a raíz de la publicación de varios libros sobre Stefan Zweig, Joseph Roth y la relación de amistad que hubo entre ambos.



Cinco pistas sobre … Stefan Zweig y Joseph Roth: amistad, genio y exilio 

Aparece en castellano la correspondencia entre Zweig y Roth junto a dos ensayos que reconstruyen las peripecias de ambos escritores en el exilio. Por: Luis Fernando Moreno Claros 


 1. Súbditos del Imperio perdido. Stefan Zweig (1881-1942) nació en Viena, en el seno de una familia judía acaudalada; autor de éxito, fue un enamorado ejemplar de la gran cultura y la libertad. En 1930 trabó amistad con Joseph Roth (1894-1939), nacido en Brody (Galitzia); agudo periodista que por entonces se forjaba una carrera como escritor. Les unió la admiración mutua y la nostalgia del Imperio austrohúngaro, símbolo para ambos de la Europa multicultural y unida, la patria del pensamiento y el sentimiento. La I Guerra Mundial los despertó de aquel sueño de paz y equilibrio; el terror nazi desatado contra los judíos los empujó al exilio. 


 2. Autores geniales. Zweig y Roth fueron creadores extraordinarios. Del primero son célebres sus colecciones de relatos psicológicos y las novelas —La impaciencia del corazón o Novela de ajedrez, por ejemplo (extraordinarias)—. Del segundo destacan La marcha Radetzky y Job (excepcionales). Zweig fue un maestro de la biografía: María Antonieta o Fouché (apasionantes); y de retratos paradigmáticos como los de Nietzsche, Hölderlin y Casanova. Roth fue un periodista genial, con artículos sociales amenos y modélicos. El relato de su viaje por la Rusia soviética destapó la tristeza del estalinismo; el conmovedor ensayo Judíos errantes dio pie a su amistad con Zweig. 


 3. La mutua admiración. La amistad se apoya en la simpatía y la admiración, la afianzan el trato y el respeto, se alimenta de pequeños y grandes favores; la envidia sobra en su escenario. En los buenos tiempos, Roth y Zweig intercambiaron ideas: hay mucho de Zweig en algunas novelas de Roth y a la inversa. En los malos tiempos, Zweig apoyó cuanto pudo a Roth, siempre ahogado por las deudas y el alcoholismo; necesitaba dinero y aquél se lo dio a espuertas junto a buenos consejos que el amigo, desmañado y trágico, desoía. Roth murió alcoholizado poco después de escribir El santo bebedor. 


 4. El suspicaz y el confiado. Roth, más desconfiado y pesimista que Zweig, vapuleado por la penuria laboral y la escasez económica, vio con antelación lo que les aguardaba a los judíos con los nazis —“esa panda de mierdecillas y asesinos”—. Zweig, refinado y culto, era más inocente: creía en el triunfo del humanismo. Se identificaba con Erasmo de Rotterdam, el pacífico; no creyó que el populismo hitleriano triunfaría en Alemania. Pero ganó, y Zweig tuvo que huir hacia ninguna parte. Cerca del amargo final todavía escribió El mundo de ayer y el ensayo sobre Montaigne, otro de sus ídolos humanos fortalecedores. 


 5. Novedades literarias. Aparece la correspondencia entre los dos amigos, contiene más cartas de Roth que de Zweig. La acompaña el libro de Prochnik, imprescindible para conocer bien el exilio al que marcharon Zweig y su joven segunda esposa: Lotte Altmann. ¿Qué pasos dieron los cónyuges hasta acabar en Brasil y suicidarse? Y Ostende, un libro radiante en el que Weidermann rememora un episodio hermoso del exilio alemán: el veraneo de los proscritos en la blanca costa belga; Zweig, Roth, Irmgard Keun (amante del segundo), Ernst Toller y otros intelectuales germanos pasaron allí alegres días —los últimos— en aquel ominoso verano de 1936. 



 


Joseph Roth & Stefan Zweig: Ser amigo mío es funesto (Correspondencia 1927-1938). Edición de Madeleine Rietra y Rainer Joachim Siegel. Epílogo de Heinz Lunzer. Traducción de J. Fontcuberta y Eduardo Gil Bera. Acantilado, Barcelona, 2014, 432 páginas, 25 euros. George Prochnik: El exilio imposible. Stefan Zweig en el fin del mundo. Traducción de Ana Herrera Ferrer. Ariel, Barcelona, 2014, 416 páginas, 24,90 euros. Volker Weidermann: Ostende. 1936, el verano de la amistad. Traducción de Eduardo Gil Bera. Alianza, Madrid, 2015, 150 páginas, 16 euros.











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