Algunas novedades de este otoño de 2020.
Pese a la apestosa pandemia que cae sobre todos, las editoriales nacionales siguen valientemente su marcha. Dejo aquí un breve apunte de algunas novedades que han llegado a este blog durante estos días:
La editorial barcelonesa Acantilado publica Poder y resistencia, de Ilija Trojanow, una sustanciosa y estremecedora novela sobre los horrores del totalitarismo comunista. La traducción del alemán es del afamado traductor Roberto Bravo de la Varga.
Aparece ahora una novela temprana de Ayn Rand poco (o nada) conocida en el ámbito hispanohablante: Himno. Fue publicada en 1938. Un prólogo y un epílogo esclarecedores, además del facsímil de la obra con notas y marcas de la mano de la autora, consolidan una bella edición.
Himno presenta una sociedad distópica en la que los individuos ya no cuentan; el yo personal, el ego (tal fue el nombre provisional de la novela antes de su publicación) queda diluido en favor del "nosotros" impersonal colectivo.
Una voz narrativa describe cómo es esa sociedad en la que se ha prescindido por completo del yo, en la que no existe libertad para el individuo, en la que un consejo de sabios momificados lo decide todo sobre todos. Rand adujo que no se planteó describir la situación de la Unión Soviética de manera abstracta, sino que iba más allá en su relato, y su crítica podía adaptarse a cualquier sociedad totalitaria… No quería radiografiar la esencia del totalitarismo soviético sino de todo totalitarismo; con ello, Rand creó una de las novelas distópicas más inquietantes de todos los tiempos; ¿metáfora de un futuro ya casi inmediato?
Otro libro de carácter muy distinto pero que es muy esclarecedor y, desde luego, cura de tentaciones totalitarias colectivistas y mesiánicas (o que debería curar) a poco que se adentre uno en us páginas, es Eso no estaba en mi libro de la Revolución Rusa, del profesor Javier Barraycoa Martínez, publicado por la editorial Almuzara.
De las persecuciones de judíos por parte del régimen criminal de Hitler trata la polémica novela del joven escritor alemán Takis Würger: Stella, editada por la editorial Salamandra en traducción de Ana Guelbenzu. Ha causado una enorme polémica en Alemania a causa de la manera novelada y hasta «frívola», según dicen, de tratar un asunto espinoso basado en casos históricos reales. Stella es el nombre de una mujer que vivió en Berlín realmente y que, empujada por las circunstancias —sus padres estaban en manos de la Gestapo— se dedicó a denunciar a judíos alemanes escondidos. Ella fue la causante de que familias enteras fueran deportadas a los campos de concentración y de que la mayoría de sus miembros fuera exterminada.
Pero la realidad es una cosa, y otra, cómo la cuenta la novela de Würger. De manera muy cinematográfica —la historia está pensada más en una sucesión de imágenes fílmicas que en una sucesión de hechos descritos—, se narra la historia de un joven suizo, Friedrich, hijo de familia acaudalada, que llega a a Berlín en 1942, cuando la ciudad está inmersa en su segundo año de guerra mundial. Allí reina la escasez, dominan Hitler y la Gestapo, los torturadores andan sueltos por los bares de alterne y por las grandes avenidas y los cafés, y el mercado negro funciona de maravilla para la gente que tiene dinero y puede costearse los caprichos más caros. Friedrich queda obnubilado por la ciudad, y ya el primer día, a raíz de asistir a una clase de dibujo —el muchacho pinta y se supone que es artista, o quiere serlo; pero en realidad es sólo un diletante—, ya el primer día, decíamos, conoce a Stella (al principio con otro nombre). Ésta es una chica rubia y aria en apariencia, porque en verdad resultará que es judía. Ambos jóvenes comienzan una historia de amor, viviéndola a todo lujo en el hotel berlinés en el que no falta de nada gracias a la fortuna del joven aprendiz de artista. Friedrich está intrigado porque ha oído decir que por las noches recorren la ciudad camiones secretos y se llevan a los judíos berlineses hacia no se sabe dónde… Le intrigan también los secretos de su novia. Ésta desaparece misteriosamente unos días y luego regresa con signos de tortura, ¿qué ha pasado?
Mucho más convincente en su estilo y hechura es la novela El segundo jinete (Maeva) de la austriaca Alex Beer, una joven promesa de la literatura negra, inserta sin ocultación en la estela del escocés Philipp Kerr y el alemán Volker Kutscher.
Como ellos, también Beer inventa un detective enclavado en una época histórica rebosante de conflictos y contrastes; esta vez no es Berlín, sino la Viena de 1919. El ambiente en el que se desarrolla la acción recuerda mucho al Berlín de los años veinte del pasado siglo de Kutscher, y el detective creado por Beer recuerda al detective Bernie Gunther, de Philipp Kerr, salvando las distancias, claro, y unas «distancias» no muy largas. También el nuevo detective August Emmerich vive en una realidad personal trágica: cree que tiene una familia, pero esa ilusión se esfuma rápidamente cuando el marido verdadero de su compañera sentimental regresa del frente desuñes de haberle dado por muerto durante años. Aparte de ocuparse de su abrumadora situación personal, Emmerich tiene que resolver el caso de unas misteriosas muertes; puesto en faena dará con el recuerdo de horribles crímenes de guerra en la Primera Guerra Mundial y con una supuesta venganza. El abrumado, pero probo e inteligente detective lleva a cabo sus pesquisas en aquella aterradora Viena ahíta de hambre, deslomada por la disolución del Imperio Austro-Húngaro. La historia es muy entretenida, al uso de este tipo de historias, y abocada probablemente a ser éxito de ventas entre los amantes del género.








