domingo, 22 de abril de 2018

Especial Stefan Zweig: algunas reseñas recuperadas

Recuperamos una serie de reseñas de libros de Stefan Zweig firmadas por Luis Fernando Moreno Claros, aparecidas hace ya unos años en el suplemento cultural ABC Cultural (diario ABC) y en el suplemento cultural Babelia (diario El País). La afición y el entusiasmo en España por la obra de Stefan Zweig no decrece, sino que incluso aumenta cuanto más lectores la conocen; por eso no resultará baladí recordar aquí algunas de las reseñas que sin duda ayudaron a animar tal entusiasmo.


ABC Cultural publicó el siguiente artículo y la reseña que lo acompaña ( La piedad peligrosa) el sábado 5 de junio de 1999, con él dio comienzo la recuperación de la obra de Stefan Zweig en España.


Stefan Zweig: escritor de éxito,
ciudadano del mundo y pacifista


Stefan Zweig en 1900



En las décadas de los años veinte y treinta del presente siglo, Stefan Zweig (1881-1942) era el escritor más célebre de Europa. Conocido prácticamente en cualquier punto del globo, las tiradas de sus libros se multiplicaban sin cesar mientras se traducían a más de cincuenta lenguas. Thomas Mann afirmó en 1954 que, desde los tiempos de Erasmo, ningún otro autor europeo había llegado a ser tan leído ni tan popular como este austriaco de origen judío. Hijo de un acaudalado hombre de negocios establecido en Viena, Zweig pudo dedicarse desde muy joven a la literatura con el consentimiento y el amparo de su padre. Publicó artículos, poemas y reseñas en los mejores periódicos de la activa capital de los Habsburgo; simultáneamente se doctoró en filosofía y literatura y viajó sin cesar por toda Europa trabando amistad con las personalidades más relevantes del mundo cultural del viejo continente (Verhaeren, Rolland, Rilke; luego, Freud, Hesse, Mann, Gorki). Desde muy joven, profesó el europeísmo y el cosmopolitismo; consideraba que ningún ser humano merecía ser despreciado a causa de su origen, religión u otras particularidades suyas o de su nación. 

Como judío, sostuvo que la diáspora había fomentado la integración de los de su raza en el mundo; miraba con recelo el sionismo, que pretendía crear una nación judía, aglutinar a sus miembros y, diferenciándolos, predisponerlos al enfrentamiento con otras naciones. Zweig era pacifista, creyó en el ideal de Tólstoi y en la posibilidad de una paz duradera para Europa si triunfaba en ella la cultura y se superaban los odios nacionales. Pensaba en la creación de una «república espiritual» de las artes, las ciencias y las letras, que indudablemente vencería a la otra de los estadistas absurdos y la sinrazón. Sin embargo, durante los sesenta años que duró su vida, Zweig tuvo ocasión de asistir al paulatino desmoronamiento de sus ideales. 

La Gran Guerra de 1914 aniquiló las antiguas monarquías y destruyó definitivamente un mundo que ya no habría de regresar jamás. Pese a ello, Stefan Zweig se esforzó por alentar a sus congéneres en la necesidad de una fe aún más intensa en la potencia creadora de los seres humanos, pues sólo esta fuerza podría oponerse al poder ciego y destructivo que había conducido al embrutecimiento del espíritu. A semejanza de Goethe, Zweig cifraba su apasionado amor por la existencia en esa curiosidad y esa admiración incesantes suscitadas por el milagro humano de engendrar y concebir. Tras la catástrofe bélica, la imagen del hombre creador lo obsesionaba, pues sólo en él veía la potencia capaz de hacer avanzar a la Humanidad hacia nuevos horizontes. Aunque el espíritu de la cultura hubiera sido derrotado un vez más por las fuerzas del mal, el ejemplo de los artífices de tal espíritu seguía aún vivo tras la derrota. De ahí su interés por la gran literatura y los grandes creadores de todas las épocas, entre los que contaba a Balzac, Dostoyevski, Nietzsche, Hölderlin o Dickens. Entre 1925 y 1940, Zweig dio al mundo lo mejor de su producción literaria: apasionadas biografías de personajes históricos como Fouché, María Antonieta o Erasmo de Rotterdam, ensayos como los célebres sobre Mary Baker, Freud o Montaigne y un número considerable de relatos apasionantes en la más pura tradición novelística de los grandes narradores del siglo XIX y la corriente literaria austriaca encabezada por Schnitzler. Su estilo sobrio y ágil, la fuerza psicológica de sus argumentos y la incisión con la que trata a sus personajes, le depararon un éxito desconocido hasta entonces por otros escritores de su generación. 

Cuando los nazis accedieron al poder y en las ciudades universitarias alemanas comenzaron a arder piras de libros proscritos por el régimen, también se inmolaron las obras de Stefan Zweig; sólo en contadas bibliotecas, ocultos en el denominado «armario de los envenenados», se consignaron algunos ejemplares para uso «científico», esto es, a fin de que los necios eruditos a sueldo de aquel Estado fantoche los denostaran y escribieran mamotretos plagados de injurias acerca de la insania de un autor «no alemán», «ajeno al nuevo espíritu germánico». En 1934, la hermosa villa que Zweig poseía en Salzburgo, que constituía un centro de atracción de las más grandes personalidades de la época (Joyce, Wells, Werfel, Valéry, Richard Strauss, Alban Berg, Bruno Walter o Toscanini son sólo un ejemplo de quienes la visitaron), fue prácticamente asaltada y registrada salvajemente por la policía secreta que acusaba al pacifista Zweig de tráfico de armas para instigar un levantamiento socialista. 

viernes, 6 de abril de 2018

Lecturas recuperadas: Un viaje a Ámsterdam a través del tiempo


Un viaje a Ámsterdam a través del tiempo

Reseña de Ingrid Arregui Álvarez para Ciudad de Azófar

Russell Shorto: Ámsterdam. Historia de la ciudad más liberal del mundo, Madrid, Katz Editores, 2016, 349 páginas.

El historiador y periodista norteamericano Russell Shorto (1959) nos conduce en este libro con mano maestra por las calles de Ámsterdam en un viaje espacio-temporal para sentir esta ciudad peculiar ―cuna del liberalismo moderno― con una nueva perspectiva enriquecida por episodios curiosos, escenas pregnantes y personajes variopintos, rescatados del pasado y narrados con una viveza extraordinaria. Shorto es colaborador en The New York Times Magazine y gran conocedor de Ámsterdam: residió allí seis años, fue director del John Adams Institute, donde ejerció una importante labor fortaleciendo las relaciones culturales entre los Países Bajos y Estados Unidos. Su tarea divulgadora se ha reflejado en libros como Descartes’ bones, 2008 (Los huesos de Descartes, Duomo, 2009), The island at the center of theWorld, 2004 (Manhattan. La historia secreta de Nueva York, Duomo, 2011).
Ámsterdam-Shorto

El autor comienza su ensayo con datos cotidianos de su vida en Ámsterdam, inicio que trasluce su amor por esa ciudad y su implicación en esta obra. A la vez nos ofrece un aperitivo de tópicos holandeses: las bicicletas, la luz blanca y nítida, los edificios de ladrillo rojo, los canales, las casas flotantes, el distrito rojo, la pintura, los tulipanes, los ocupas, los hippies, los coffee shops. Todo ello constituye una muestra de esta ciudad loca, tolerante, a la vez que conservadora, donde la calma y la convivencia del multiculturalismo se han logrado gracias a esa actitud tan típicamente neerlandesa: gedogen, “técnicamente ilegal, pero oficialmente tolerado” (pág. 23). La Ámsterdam fascinante del presente, que ha vuelto a vivir un auge del progresismo a finales del siglo XX, refleja el gran influjo que tuvo este pequeño núcleo sobre el mundo entero, también en la génesis de Estados Unidos,  al fraguarse en ella durante su siglo de oro (de finales del XVI a finales del XVII) algunas de las ideas fundantes de la modernidad: el liberalismo social y económico, su conexión con la democracia, la importancia de los derechos y libertades individuales.






Ya en este primer capítulo situado en el presente irrumpe el pasado: la ocupación nazi, el exterminio judío y la historia de Ana Frank a la luz de la presencia de una amiga del propio autor, Frieda Menco, que conoció a Ana y a su familia, pero sobrevivió al horror de Auschwitz. Este recurso de utilizar los personajes secundarios para crear suspense y abordar luego los acontecimientos históricos constituye uno de los puntos fuertes de la técnica del historiador Shorto; además le sirve para resaltar que la historia la hacen personas concretas, muchas veces desconocidas, con sus decisiones y acciones desconcertantes, una prueba más de la importancia que concede al individuo y su papel en el mundo moderno. Pero sin obviar nunca la trascendencia de los grandes personajes, a los que arriba Shorto después de mantenernos en la intriga del devenir histórico; y ahí están nombrados como colofón a este inicio del viaje, Spinoza, Rembrandt o la misma Ana Frank. Por eso, su libro no es un ensayo sobre política, sino un estudio histórico, sociológico, de microbiografías sobre una ciudad viva y sus habitantes, que forjaron el liberalismo y la modernidad. 

miércoles, 4 de abril de 2018

Novedades, libros y más libros (II)


Seguimos con las novedades que nos interesan estos días:

La editorial Atalanta publica siempre libros excelentes; uno de los que más nos gustan de entre su selecto catálogo —y que creemos que es una auténtica joya literaria que no ha tenido la atención que se merece— es Escolios a un texto implícito, del singular pensador colombiano
Nicolás Gómez Dávila (1913-1994). Apareció en 2005, son 1.400 páginas de aforismos lúcidos como centellas, certeros, cáusticos, irónicos… Y escritos en una prosa que Álvaro Mutis, calificó de las mejores en castellano: «No conozco antecedentes en castellano de una más transparente y hermosa eficacia de estilo», aseguró. Basta con abrir el libro al azar para leer piezas de pensamiento tan soberbias como las siguientes:

Nicolás Gómez Dávila

«El tiempo es menos temible porque mata que porque desenmascara»; «La única derrota sin remedio es la imbecilidad, aún victoriosa»; «No hay tontería en que el hombre moderno no sea capaz de creer, siempre que eluda creer en Cristo»; «El extremismo político sirve para disculpar la mediocridad intelectual»; «Debemos resignarnos a que nada dure, pero negarnos a acelerar su fin»; «La tecnificación del mundo embota la sensibilidad y no afina los sentidos»; «No sentir la putrefacción del mundo moderno es indicio de contagio»; «Para adoctrinar nunca se apunta demasiado bajo»; «El público no sabe defenderse de ideas estúpidas sino adoptando ideas estúpidas de sentido contrario»


Así podríamos seguir reuniendo más aforismos hasta ocupar otras 1.000 páginas, todos  interesantes. En cada una de dichas páginas hay al menos ocho o nueve pensamientos—«escolios», los denominó su autor— que dan que pensar, la mayoría aciertan en el blanco; difícil no dejarse llevar por el rapto de lucidez de su autor. Nada hay equiparable en castellano, ni tampoco en el extranjero. Elias Canetti, por ejemplo, pasa por ser un gran cultivador de aforismos, pero los del autor de La provincia del hombre son tal vez —en conjunto— de menor calado intelectual, pues  a Canetti le faltó el profundo saber meditado de Gómez Dávila, el conocimiento filosófico, la pasión por la trascendencia, el gusto por la historia… Aunque ambos, tanto Canetti como Dávila, participan de una visión pesimista de la naturaleza humana y de esa misantropía propia de las mentes sensibles y superiores.

martes, 27 de marzo de 2018

Novedades, libros y más libros (I)

Varias novedades literarias en el campo del ensayo acaparan la atención de los administradores de "Ciudad de Azófar" estos días.

Gran Hotel Abismo
La editorial Turner publica Gran hotel abismo, del periodista Stuart Jeffries (traducción de José Adrian Vitier). Una especie de biografía colectiva además de una interpretación de los pensadores que formaron parte de la denominada "Escuela de Fráncfort": Walter Benjamin (aunque no formó parte oficialmente de la mencionada "Escuela" inspiró a la mayoría de los pensadores de los que trata Jeffries); Adorno, Marcuse, Horkheimer…, así como otros pensadores que contribuyeron a definir el panorama intelectual e ideológico europeo y norteamericano después de la II Guerra Mundial. – Lo que empezó como una crítica al fascismo por parte de algunos de estos pensadores terminó más adelante en una crítica extendida a todo comportamiento de corte autoritario en la sociedad de masas, principalmente en los movimientos revolucionarios de ideología comunista. Ideólogos en principio de izquierdas, los francfortianos llegaron incluso a ser molestos para la izquierda ortodoxa. Muchas de las ideas de estos pensadores tienen vigencia todavía en nuestros días, cuando más falta hace la crítica en su sentido más amplio; sobre todo, hay que aplicarla en la lucha contra las ideologías que encorsetan, lastran y limitan el pensamiento individual, autónomo y libre.

El tiempo regalado
 Libros del Asteroide publica un curioso ensayo de la periodista y escritora alemana Andrea Köhler: El tiempo regalado (traducción de Cristina García Ohlrich). La vida es una constante espera, desde los más pequeños acontecimientos hasta los más grandes casi todos se hacen esperar; la espera de una llamada telefónica o en la antesala del médico; la espera de las estaciones, del amor, de la salud, y la espera de la felicidad; esperamos constantemente y al final, lo que nos espera a nosotros es es la muerte… En este ensayo se trata de esto, de la espera y el esperar, de la desesperación que nos causa la espera y asimismo de ciertos placeres que acompañan a algunas esperas. La autora proporciona suculentas reflexiones que no van a desesperarnos porque están escritas con comprensible claridad.


La situación humana
Ensayos amenos y muy lúcidos, aunque de otro tenor al comentado sobre el tiempo de la espera, son los de Aldous Huxley (autor de la celebrada y visionaria novela Un mundo feliz) en este extraordinario libro titulado La situación humana (Página indómita). El volumen recoge una serie de conferencias que Huxley pronunció en la Universidad de California en 1959. En total se incluyen dieciséis textos muy reveladores de la situación del mundo en la época y del pensamiento de Huxley, tan avanzado para entonces, y muy próximo a la contracultura progresista que dominaría la década posterior de los años setenta del siglo XX. Pensador inquieto, curioso empedernido (e impertinente para muchos), Huxley supo ver los peligros a los que se enfrentaba la sociedad avanzada de su tiempo, tales como el deterioro del planeta o el inusitado avance de la tecnología, siempre amenazando con la alienación y el allanamiento de lo humano. Es gratificante leer hoy esos ensayos, con las magníficas reflexiones de un pensador preocupado por la condición humana, por la vida de los individuos —en peligro por el excesivo colectivismo tanto como por la salud mental de los Estados, cercados a menudo por el totalitarismo antidemocrático, tanto de derechas como de izquierdas.

Diario íntimo, Emerson
La editorial Biblok rescata una traducción antigua [del traductor Luis de Terán (1864-1935)], aunque revisada, de un texto fundamental, el Diario íntimo del gran filósofo norteamericano Ralph Waldo Emerson (1803-1882). Es una selección del monumental diario, pero muy cumplida, y que ofrece una excelente panorámica de las ideas humanistas de quien fuera el gran impulsor del pensamiento moderno y liberal norteamericano. Una edición anterior de esta misma traducción apareció bajo el sello editorial «Desván de Hanta»; la de ahora, en Biblok, es la versión revisada —y expurgada de erratas— de la anterior. Emerson fue uno de los pensadores fundamentales del siglo XIX, sobre todo en el ámbito angloamericano. Pero también tuvo mucha aceptación en Europa sobre todo a finales de dicho siglo. Sus célebres Ensayos fueron leídos por fruición por Nietzsche, por ejemplo. La filosofía de Emerson se basa en la saludable razón y en el sentido común, en el apego y el gusto por la naturaleza y en gran parte de la sabiduría de la vida que enseñaron los grandes pensadores de la Antigüedad. En estas páginas están condensadas ideas y vivencias así como observaciones misceláneas tomadas a vuela pluma que no dejarán indiferentes a lectores de mente abierta. Decía, por ejemplo: «Persistid, persistid en buscar la verdad, en decir que no sabéis lo que no sepáis en efecto, y que no tenéis interés por lo que, efectivamente no os interesa»; el propio Emerson se mantuvo fiel a este principio, y este diario lo refleja. Y otra perla para terminar: «En cada instante, en cada acción y pasión, sé un hombre, un Olimpo poblado de dioses».

Hermida Editores publica estos días un texto inédito en castellano de León Toslstói: La ley de la violencia y la ley del amor (traducción de Alejandro Ariel González). Tolstói, otro pensador clave —además de un escritor incomparable— del siglo XIX.
Escrito en la última etapa de su vida, este texto, una especie de «breviario de principios», muy condensado y de grata lectura, transmite las ideas esenciales de Tolstói sobre el amor, la violencia o la resistencia pasiva frente a los abusos de poder; así como sus ideales pseudo anarquistas y pacifistas a la vez que sus consideraciones acerca de lo que ha de ser una verdadera religión; en ellas se ve bien lo que él entendía como el núcleo más humano y primigenio del cristianismo. «La verdadera religión consiste en establecer con el infinito que nos rodea una relación tal que vincule nuestra vida con ese infinito y guíe nuestros actos», escribió.
Sabiéndose deudor de los más grandes pensadores de la Antigüedad, así como del budismo, Tolstói reafirma en esta pequeña gran obra la sabiduría más íntima del corazón humano: esa que todo hombre de bien lleva en su corazón. Hacer el bien por simpatía hacia los demás seres, hallarse en sintonía con ellos considerándolos iguales a uno mismo en el placer y en el dolor. No hacer a los demás lo que no queremos que nos hagan a nosotros mismos; no infligir dolor a ningún ser vivo; no tolerar la injusticia, pero tampoco la violencia; dar la propia vida por las causas justas si es necesario, convertirse en héroe de la bondad y de la libertad, en responsable del universo que te ha tocado en suerte. La ética de Tolstói bien puede servir hoy de guía eficaz, de ideario moral en una sociedad desorientada, que parece haber olvidado los lemas y mandamientos éticos más esenciales. «No serán las revoluciones, no serán las astutas y sabias estructuras socialistas o comunistas de los sindicatos, los arbitrajes, etcétera las que salvarán a la humanidad, sino sólo la conciencia espiritual cuando ésta se haga social», Tolstói, santo laico reformista a su manera.

El instrumento musical

La editorial Acantilado publica un libro excepcional para filósofos amigos de la música y artistas musicales, así como para personas a las que simplemente les interesa el universo de la música y la reflexión sobre los mundos sonoros: El instrumento musical, de Bernard Sève (traducción de Javier Palacio Tauste). Este libro reflexiona desde una perspectiva filosófica —es decir, desde lo más alto y general, desde un punto de vista universal— sobre la importancia musical, cultural y humana de los instrumentos musicales. A la vez, lo hace también sobre la razón de ser y la ontología de los instrumentos y acerca de sus modos de existencia y su identidad. El autor sostiene que la importancia que ocupan en el campo de la música debe ser también rescatada y restituida en la filosofía de la música. Los instrumentos son vehículos de la música, y asimismo la condicionan a ésta y condicionan también a los artistas: los enamoran o los condenan a crear música de una manera determinada pensando en las posibilidades concretas de cada instrumento del que se sirven o para el que piensan la música; y a menudo es el propio instrumento el que llama a una música determinada o a una innovadora. La abundancia y diversidad de los instrumentos musicales constituirá el punto de partida de este ensayo, y de ello se sigue el resto; en tanto que expresión del imaginario sonoro de las sociedades, los instrumentos musicales conducen a reflexionar sobre una atracción por la música que implica una relación concreta con el mundo y con el tiempo. Música, mundo, tiempo, espacio, creación, vida y muerte están en correlaciones íntimas; el autor de este libro explica su cómo y su porqué.

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