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martes, 2 de agosto de 2016

El libro más difícil del filósofo más oscuro



El suplemento cultural "Babelia" del diario "El País" publicó el 25 de mayo de 2016 una reseña mía de cuatro nuevos libros sobre la filosofía de Heidegger. Dejo aquí el enlace a la reseña publicada y pongo a continuación el texto con nuevos enlaces.


Heleno Saña
Editorial Verbum, Madrid, 2016, 214, páginas, 24, 99 euros.

Peter Trawny
Traducción de Raúl Gabás.
Herder, Barcelona, 2016, 94 páginas, 12, 50 euros.

Jesús Adrián Escudero
Herder, Barcelona, 2016, 390 y 304 páginas, 28 y 22 euros.



Pocas obras magnas de la filosofía son fáciles de leer, recordemos la hegeliana Fenomenología del espíritu o la Ética, de Spinoza; aunque ya sabemos que “todo lo excelso es difícil”, lo dijo este último filósofo. Pero hay un libro que, a causa de su influencia en el pensamiento contemporáneo y las pasiones contrarias que despierta su autor, destaca de entre los textos laberínticos y desasosegantes: Ser y tiempo, de Martin Heidegger (1889-1976).
Apareció en 1927, cuando su autor, con 37 años, gozaba de gran fama docente. Sus alumnos, obnubilados por su fuerza filosófica, lo apodaban “el rey secreto del pensamiento” y se creían iniciados en una sabiduría oculta, pues Heidegger ensayaba con ellos la búsqueda de un nuevo lenguaje de pensamiento. Con él estudiaron Hans Jonas, Karl Löwith y la jovencísima Hannah Arendt, de quien Heidegger se prendó a primera vista y consiguió hacerla su amante
Era la época en que la I Guerra Mundial trastocó los valores del “mundo de ayer”. Trakl y sus poemas trágicos, Rilke, con sus ángeles negros, Kafka, con sus pesadillas oníricas y Thomas Mann, con su Montaña Mágica y la seducción de lo enfermizo andaban cercanos al latido de fondo de Ser y tiempo.
Heidegger se preguntaba en su libro por “el ser de los entes”; sostenía que “la filosofía habla del ser sin saber lo que es”. Sólo Parménides y Heráclito estuvieron cerca de la verdad del ser; más tarde, Platón, con sus ideas eternas, desvirtuó y enmascaró ese saber primigenio. En suma, la metafísica olvidó el ser centrándose en el estudio de los entes. La nueva filosofía tiene que buscar el ser, pero ¿dónde? “En el Dasein”, según Heidegger. Este término, el más célebre de su jerga, quiere decir ser ahí o estar aquí; se refiere al existente, al ente que está y vive en este mundo y que es el único al que de verdad “le importa su ser”: el hombre. Es a éste a quien hay que interrogar por el ser.
Martin Heidegger, época de Ser y tiempo

Ser y tiempo se centró en el análisis fenomenológico de este Dasein desde cero: ¿cómo es este recipiente del ser? A grandes rasgos, lo que Heidegger descubrió fue que cada uno de nosotros, cada Dasein, habita en este mundo, rodeado de objetos y junto con los otros; hemos sido arrojados a la existencia, estamos desamparados, sin dioses, junto al abismo de la nada y cara a la muerte —de ahí el famoso apotegma: “el hombre es un ser para la muerte”—. Nos atenazan la angustia y el miedo, pero nuestra vida es “cuidado” y podemos encararla desde la “autenticidad” o mantenernos en la “inautenticidad”. Si el hombre o Dasein se deja seducir por la masa de los mediocres será como “todo el mundo”, mas si cobra conciencia de su finitud y vive con gallardía forjando su individualidad, será único y el dueño de su vida.
Son unas levísimas pinceladas, pero hasta dar con ellas en Ser y tiempo hay que pasar por una maratón: el libro es laberíntico. Ortega afirmó con elegancia que “la claridad es la cortesía del filósofo”; Heidegger fue harto descortés en este punto. José Gaos, el primer traductor de Ser y tiempo al castellano —traducción farragosa la suya—, sentenció lo contrario que su maestro: “la claridad es el desprestigio del filósofo”: otra vez Heidegger.
Ser y tiempo se leyó como una antropología, como la descripción en clave expresionista del ser humano enfrentado al absurdo. Cada nuevo lector lo entendió a su manera, sólo Heidegger aseguró que no lo había entendido nadie. El resto de su obra posterior la concibió como un “giro” que se desligaba de Ser y tiempo. La lectura en libertad del libro lo hizo fructificar, tal vez demasiado.
Hoy, con el debate de fondo sobre la militancia nazi de Heidegger y su admiración por Hitler, leer Ser y tiempo es casi una rareza. O se lee sólo para abominar de su autor, como es el caso de Heleno Saña, quien descuartiza las ideas de Heidegger en su último libro; a su entender, Ser y tiempo debe ser leído en clave política porque en él se incuba el gérmen del antihumnismo y el nazismo del filósofo. Peter Trawny, con una retórica descabellada, ensaya sobre la sentencia heideggeriana: “Quien piensa a lo grande yerra también a lo grande”. Sostiene que Heidegger “erró” al abrazar el nazismo y callar sobre el Holocausto; Trawny se enreda en un galimatías en defensa de lo indefendible y concluye con una tesis poco edificante: “Quien intenta habitar en el pesamiento de Heidegger tiene que abandonar las expectativas de responsabilidad y culpa”. Este es justo el tipo de hombre que algunos críticos ven descrito en Ser y tiempo: el yo sin culpa ni responsabilid para con los otros, libre para actuar y dominar: el macho alfa, el dictador.
De otro tenor es el espléndido trabajo de Jesús Adrián Escudero: una guía de lectura, única en castellano, que desde ahora tendrá que acompañar a cuantos quieran saltar con red entre los distintos abismos de Ser y tiempo. Glosas al texto y atinadas precisiones a su terminología acompañan a una interpretación novedosa y pragmática del libro. Escudero lo encuadra dentro de la literatura filosófica del cuidado de sí mismo. Aristóteles, Séneca o Montaigne, maestros en el arte de vivir y del aprecio por la propia persona, asomarían en sus páginas. Benévola visión del libro más dificil del filósofo más oscuro.

viernes, 6 de mayo de 2016

Libros para la Feria del libro de Madrid 2016 (I) "Un poco de música" y "Filosofía"

Otra vez se acerca la Feria del libro de Madrid. Mucha gente espera este momento para hacer sus compras literarias, comento a continuación algunos títulos que me parecen muy recomendables para hojear en las casetas de las editoriales y, naturalmente, también para comprar. Varias entradas de "Ciudad de Azófar" seguirán a la presente con el mismo concepto.

Un poco de música

Vida y arte de Glenn Gould
El genio canadiense del piano Glenn Herbert Gould (Toronto, 1932-1982) quedó bien retratado además de en sus grabaciones, en la multitud de obras que se han escrito sobre su vida. En español, la editorial Turner reedita este año de 2016 la espléndida Vida y arte de Glenn Gould firmada por el estudioso de la historia de la música Kevin Bazzana.

Muy bien traducido por Eugenia Vázquez Nacarino y por el gran traductor recientemente fallecido Miguel Martínez-Lage, este es un libro imprescindible para conocer la vida y bastante de la psicología del singular Glenn Gould, quien tenía mucho de mente brillante y otro tanto de personalidad introvertida y extravagante. Bazzana narra su vida con excelente estilo y bastante amenidad aunque sin prescindir del rigor que requiere una obra de este calibre. Deshace los tópicos más frecuentes referidos a Gould y centra su atención en su vida, a tenor de numerosos documentos y entrevistas con personas cercanas al pianista; de manera que podemos hablar de una biografía ciertamente exhaustiva y veraz.

Asimismo me parece muy plausible y entretenida la novela —o aproximación biográfica novelada— que apareció el año pasado en España bajo el título de Glenn; firmada por Alejandro Castroguer (editorial Almuzara), en la que este autor recrea de maravilla episodios de la vida de Gould, describe muy bien sus maneras de actuar, su experiencia antes de los conciertos, su pasión por los coches, la singular manera de abordar las relaciones humanas; su persona entera, carácter y psicología como si fueran las de un viejo conocido… Libro imprescindible para los amantes del canadiense; me atrevo a suponer que llegará a serlo tanto como continúa siéndolo la extraordinaria novela El malogrado, de Thomas Bernhard. Aunque esta obra extraordinaria no trata directamente de Glenn Gould, el "artista del piano", su sombra planea por todo el relato. Con su aparición en los años ochenta del pasado siglo, El malogrado nos condujo a muchos de sus lectores a escuchar de manera compulsiva  los discos de Glenn Gould en una época en la que, al menos en España, sólo los conocían los muy melómanos.

Beethoven por Wagner
Turner publicó además un volumen con gran parte de los escritos de Glenn Gould, reseñas y críticas musicales, así como escritos propios sobre interpretación y composición, me refiero a  Estudios críticos (1989). Otro imprescindible para los asiduos del pianista.

Siguiendo con música, me parece harto recomendable el opúsculo de Richard Wagner sobre Beethoven que publica la editorial madrileña Fórcola. Con ocasión del primer centenario del nacimiento de Beethoven, Wagner le dedicó un ensayo en el que, además de referirse a las técnicas instrumentales del músico de Bonn, realizaba una exposición de su propia teoría estética de la música siguiendo ideas de Schopenhauer, Schiller y Goethe. Wagner era también un buen literato y su expresividad para referirse a las impresiones que le suscitan las sinfonías de Beethoven es extraordinaria. Termina el ensayo con una ampulosa sentencia, no por ello menos cierta: "Quien hace feliz al mundo, es el conquistador del mundo", es decir, Beethoven, según Wagner. En edición del gran crítico musical y escritor, Blas Matamoro, el libro trae como apéndice otro ensayo de Wagner: "La dirección de orquesta".

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