jueves, 8 de diciembre de 2022

En busca y a la busca del tiempo perdido

 

PROUST RECOBRADO


¡Qué tiempos en los que leíamos de adolescentes "En busca del tiempo perdido"! ¡Esa obra magna que parecía interminable, que prometía tantas horas de placer (y que efectivamente las propició)! Tardes invernales de grata lectura a la luz de la chimenea en la cómoda casita del pueblo o ya en la ciudad, a la luz de la lámpara que manteníamos encendida hasta altas horas de la noche… La obra de Marcel Proust fue una revelación para muchos jóvenes (chicos y chicas) que la disfrutamos en eses años ochenta y noventa del siglo pasado. Entonces leímos la versión publicada por Alianza editorial en siete tomos, en traducción de Pedro Salinas y Consuelo Berges. 

    No tenía notas explicativas y algunas particularidades, algunos detalles, quedaban confusos; pero daba igual, entendíamos lo esencial: las añoranzas del Narrador y sus pasiones, así como los caracteres de cada personaje y los flirteos y chismorreos sociales de aquella buena sociedad que tan bien describía y desenmascaraba el ojo crítico y juguetón de Proust.

En 2001 recibí alborozadísimo, recién salido de la imprenta, el primer tomo que publicó Valdemar de A la busca del tiempo perdido,  la traducción del gran Mauro Armiño.

    A la busca… I

 

    Era un grueso volumen que, además de la traducción de "Por la parte  
de Swan" y "A la sombra de las muchachas en flor" incluía un larguísimo y cumplido apéndice con índice de personajes y muchas notas al pie, con aclaraciones muy útiles para facilitar la comprensión de detalles del texto. 

Mauro Armiño es un gran conocedor de la literatura francesa en general, gran traductor de Balzac, de Maupassant de Flaubert o Voltaire entre otros muchos autores… Sin duda, una gran firma para una traducción soberbia. 

Y Mauro Armiño no decepcionó. Su traducción se lee de maravilla, pese a las frases larguísimas de Proust, que el traductor mantiene cuanto puede para que conserven su estilo original. Un añadido excelente lo constituye el aparato crítico, la enorme cantidad de aclaraciones minuciosas que la jalonan. 



Su trabajo fue un hito cuando apareció. Los editores de Valdemar quedaron como unos valientes al acometer la publicación de la gran obra de Proust en estas ediciones tan cuidadas, un poco voluminosas, cierto; pero siempre rompedoras en su diseño. Si bien hay que tener en cuenta que sólo son idóneas para leer sujetando el libro en un atril o cómodamente sentados en un sofá o en una butaca. 


A la busca III

A la busca II 












Los editores de El Paseo publican de nuevo, este otoño de 2022, la meritoria edición de Mauro Armiño, si bien con la característica de que está revisada y puesta al día. Esta vez serán siete tomos los que aparecerán, en formatos más cómodos de manejar que los elegidos antaño por Valdemar, pero estos libros no son más bonitos. Por ahora han visto la luz los dos primeros volúmenes: 


A la busca I
A la busca… I


A la busca del tiempo perdido II


La traducción se lee muy bien —pese al enrevesamiento de las frases prusianas, como decíamos, muy bien captada y trasladada por Armiño— y las notas al pie son utilísimas.

Para rizar el rizo proustiano, la editorial barcelonesa ALBA inicia la publicación de la eminente obra con una nueva traducción firmada por la veterana traductora Maria Teresa Gallego Urrutia, en compañía de su hija Amaya García Gallego. Es una traducción elegante, que se lee muy bien, en momentos algo más fluida que la de Armiño, y que igualmente respeta la sintaxis tan peculiar de Proust. El aparato crítico del volumen no es tan grandioso como el de las versiones de Valdemar y El paseo, pero es útil.

Tanto la traducción de Armiño como la de las Gallego dejan un poco atrás a la pionera traducción que todavía sigue publicando Alianza editorial, firmada por Pedro Salinas y su continuadora, Consuelo Berges. Aunque es la traducción que leímos de jóvenes y que tanto nos gustó, hoy, comparándola con las traducciones nuevas, parece un tanto anticuada, algo más retórica (la de Salinas) y anticuada; pese a que sigue teniendo mucho interés, y a que la invisten el cariño y la nostalgia.


La fabulosa nueva edición De Alba tiene la pega de los volúmenes de la editorial Valdemar: que hay que leerlos cómodamente sentado en un sillón. El tomo es demasiado voluminoso para los lectores encamados. Lo bueno es que también tiene versión para Kindle (algo que no tienen las anteriores); de manera que es posible seguir leyendo el libro en formato electrónico en otro lugar si dejemos reposar el voluminoso tomo de papel en la biblioteca. 





Pequeña biografía de Proust extraída de la Web de Alba Editorial: 


Marcel Proust 
Valentin Louis Georges Eugène Marcel Proust nació en 1871 en París, en el barrio residencial de Auteil, hijo de Adrien Proust, catedrático de Higiene de la Facultad de Medicina de París y epidemiólogo, y de Jeanne Weil, de una rica familia judía. Estudió Derecho y Filosofía en la Sorbona, donde tuvo como profesor a Henri Bergson. Aunque opositó a bibliotecario de la biblioteca Mazarine, apenas ocupó su plaza cuatro meses: de hecho, nunca tuvo un trabajo y su vida de boulevardier en los salones de la alta burguesía y la aristocracia despertó muchas suspicacias en los círculos literarios. André Gide, por ejemplo, miembro del consejo editorial de La Nouvelle Revue Française (luego Éditions Gallimard), desaconsejó la publicación de Por donde vive Swann sin leerlo siquiera, pues tenía a su autor –según le confesaría, muy arrepentido, después– por «un esnob, un mundano aficionado». En 1892 fue uno de los fundadores de la pequeña revista Le Banquet, en 1896 se autopublicó una colección de cuentos y poemas en prosa, Los placeres y los días, y empezó a colaborar en el diario Le Figaro. Tradujo dos ensayos de John Ruskin, escribió un ensayo, Contra Sainte-Beuve (no publicado hasta 1954), y en 1909 empezó a concebir el gran proyecto novelístico, entonces con el título de Les intermittences du coeur, que llegaría a ser En busca del tiempo perdido. En 1913, después de varios rechazos, pagó de su bolsillo la publicación del primer tomo, Por donde vive Swann, en la nueva editorial Bernard Grasset. Su éxito le permitió en 1919 publicar el segundo, A la sombra de las muchachas en flor, y a partir de ahí los siguientes, en Gallimard. Ganó ese año el Premio Goncourt y en 1920 fue condecorado con la Legión de Honor. Entre 1920 y 1921 apareció Por donde los Guermantes, y entre 1921 y 1922Sodoma y Gomorra. Proust murió en París en 1922 a los cincuenta y un años. Los tres últimos títulos de su gran obra se publicaron póstumamente: La prisionera en 1923, Albertine desaparecida en 1925 y El tiempo recuperado en 1927.



Nada mejor para adentrarse en la vida de Proust y en la comprensión de su gran novela que la reciente selección de cartas publicada recientemente por la editorial Acantilado (Barcelona). Con prologo y selección de la gran especialista proustiana Estela Ocampo y traducción de José Ramón Monreal, este libro es una joya que nos aporta una visión de Proust a través de sus propias palabras. Hay cartas en las que reflexiona sobre el amor y sobre su obra, otras, en las que habla de literatura, de París y la gran sociedad que le inspiró como escritor. La traducción es magnífica, clarísima; la introducción y los comentarios de Estela Ocampo, muy esclarecedores. Es un complemento imprescindible a cualquiera de las traducciones anteriores. 



2 comentarios:

  1. Buenos días, estimado señor Luis Fernando. Lamento utilizar un artículo tan bien escrito sobre Proust para hablar con usted sobre un fin distinto a la temática de este, pero es el medio que encontré para contactarle.
    Mi nombre es Daniel Bojorge; Soy docente de la Faculta de Educación de dos universidades de mi país natal, Costa Rica. Soy aficionado a la filosofía y recientemente leí su traducción de la Dialéctica erística de Schopenhauer. El fin de este mensaje es agradecerle por su arduo trabajo tanto en la introducción como en el prólogo del libro. Como un lector aficionado a este tipo de textos, me resultó muy esclarecedor su comentario sobre la vida y obra del autor alemán.
    Destaco su trabajo y le agradezco por su aporte a mi modesto capital cultural.
    Gracias de nuevo.

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  2. Estimado Daniel, muchas gracias por sus palabras. Por lectores tan agradecidos como usted merece la pena mi trabajo. Saludos cordiales

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