miércoles, 8 de mayo de 2019

Dos libros recientes sobre Nietzsche: una biografía y una gran interpretación

El intempestivo que no cesa





Vidas de Nietzsche
El filósofo barcelonés Miguel Morey (1950) publicó en 1993 un pequeño volumen titulado Nietzsche. Una biografía (Archipiélago). Fue un librito que leímos con pasión cuantos queríamos saber entonces de la vida de Nietzsche: sus comienzos de niño poeta, de joven adorador de la música y la filología; su manera de ser intempestivo en tiempos posteriores; los problemas con Wagner y el nacionalismo alemán, dada su rebeldía y amor a la verdad; su enamoramiento frustrado de la femme fatale Lou Salomé; o la enfermedad de su mente alucinada que lo condenó en sus últimos diez años de vida a sobrevivir cual vegetal humano alojado en casa de su madre, en Naumburg, o al cuidado de la déspota hermana, Elisabeth, en Weimar. Todo esto, aunque mucho más enriquecido y matizado, está en la excelente nueva versión que ahora ve la luz: Vidas de Nietzsche.

En español contamos con toda la obra de Nietzsche en gran variedad de traducciones, con los fragmentos póstumos y el epistolario completo. De esta ventaja se sirve Morey para enriquecer la narración de cada etapa vital de Nietzsche y resumir con concisión y certeza cada uno de sus célebres libros. Así que para adentrarse en el pensamiento de este filósofo crucial esta biografía intensa y magnífica es una vía de acceso firme y segura.

La zozobra del presente
De otro cariz es el denso libro del filósofo, musicólogo y germanista francés Dorian Astor (1973), autor también de una biografía de Nietzsche (2011) y de varios ensayos sobre Wagner. La excelente traducción de Jordi Bayod transmite  la agudeza y complejidad de este texto, intrincado y paradójico a menudo, apto sólo para lectores que conozcan ya el ideario de Nietzsche, puesto que no se trata de una introducción a su pensamiento, sino de una reflexión-discusión sobre el estado de nuestro presente —intelectual o ideológico— en Occidente, visto desde la perspectiva de un acérrimo degustador y defensor de muchas de las ideas —polémicas o no— del autor de Así habló Zaratustra. Astor quiere invitar a pensar desde Nietzsche las “zozobras” o “indigencias”, las “angustias” en las que —según él y es mayoritaria opinión— está preso el presente. Por ejemplo, sostiene que desde Nietzsche es posible repensar la educación, tan tambaleante y cuestionada en Europa. Nietzsche tuvo como modelos a imitar de por vida a los grandes filósofos “preplatónicos”: Heráclito o Empédocles fueron sus ejemplos humanos admirables —“hombres tallados en un solo bloque de piedra”— los llamó. Y tuvo como “educador” a Schopenhauer, a quien consideraba “un maestro de Alemania”. Educar en el sentido nietzscheano sería proponer como modelos para la juventud los ejemplos de los grandes hombres del pasado, sus acciones poderosas y sus pensamientos; y enseñar a los jóvenes virtudes como la valentía y la compasión o la responsabilidad por los propios actos como las más altas y dignas de elección ¡casi nada hoy!

Entre otros muchos asuntos, Astor trata de política. A Nietzsche se lo ha usado para jalear a fascistas y anarquistas; con sentencias fuera de contexto es fácil cortar un traje nietzscheano a la medida de cada ideología. Sin embargo, con sus luces y sombras, muchas de las ideas “políticas” que defendió o esbozó serían hoy practicables y deseables. Astor lo explica con pasión en este libro osado y paradójico sobre un filósofo que siempre fue y será de lo más intempestivo.

Luis Fernando Moreno Claros

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